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A Luján Urrutia la despidieron de su trabajo cuando volvió de la maratón de Hamburgo

En una nota realizada por La Nación Corre sobre la deportista tandilense se cuenta los avatares que tuvo que sortear la misma, cómo quedó cerca del Mundial y lo que le sucedió al volver al país. La compartimos a continuación:

Por más que un atleta obtenga grandes resultados deportivos, cuando los objetivos se escurren por segundos el sabor que queda es amargo y los aplausos o reconocimientos incomodan. Más aún cuando al volver a su tierra natal se reciben noticias negativas, producto de haber dejado todo por un sueño. Ese es el caso de la tandilense Luján Urrutia. Se preparó como nunca antes. Corrió detrás de un sueño, detrás de su sueño con la meta de clasificarse para el Mundial de atletismo que se realizará en Londres en la distancia de 42k. Viajó una semana antes a Madrid para completar la puesta a punto, recibió el apoyo de los sponsors de su ciudad para reunir los fondos para costear el viaje acompañada por su entrenador Carlos Migueltorena y compitió en el Maratón de Hamburgo.

Jornadas de dobles turnos, semanas de 180 kilómetros de entrenamientos, cientos de pasadas, entrenamientos con lomas, trabajos de gimnasio. Todo, absolutamente todo, fue parte de la preparación para llegar lo mejor posible a su segundo maratón.

El viento, el frío y la lluvia le jugaron una mala pasada a la ex campeona nacional en la distancia de maratón. Hasta hubo granizo y por 39 segundos no logró el pase a la instancia mundialista. Sus 2 horas 39 minutos y 39 segundos la catapultaron al 9° puesto del ranking absoluto de la Argentina, pero no fue suficiente.

Aquel domingo 23 de abril, ni siquiera la consolaba saber que su marca era la mejor en la distancia en lo que va del año. De hecho, Karina Neipán, la nueva campeona argentina vigente, registró 2h45m42s en “A Pampa Traviesa”.

Cruzó la meta y miró el reloj. Vio el tiempo y estalló en un incontenible llanto. Con muy buenos parciales, su rendimiento mermó en los últimos tres mil metros y no pudo alcanzar el objetivo. En la llegada, miembros de la organización alemana la felicitaban y le remarcaban que había salido 10° en la clasificación general, pero ella no paraba de llorar de la bronca. A ella no le alcanzaba. Sentía que había hecho todo y se había quedo a las puertas de un Mundial.

Pero su mala fortuna no terminó ahí. Al volver al país, con el sabor amargo de no haber clasificado, se encontró con la noticia de que en las cabañas en donde realizaba diferentes tareas en la cocina le respondieron con un lapidario “no vengas más”.

La atleta de 31 años ya tenía un antecedente. Había faltado algunos días en el verano para viajar a Uruguay, donde compitió en tres pruebas y se subió al podio en todas. La amparaba una ley nacional del deporte, y en el viaje a Europa sucedió lo mismo. Pero el hecho de “no tenerla para trabajar”, llevó a que buscaran a otra persona “que diera más con el perfil que necesitaban”. Así fue como de un día para otro, Luján se quedó “sin el pan y sin la torta”, tal como ella dice.

La cuatro veces ganadora de la Tandilia (11.111 metros que unen la Piedra Movediza con la pista de atletismo del Lago del Fuerte) no era profeta en su tierra y el noveno tiempo dentro de los récords argentinos no le traía más que malestar. Sin el pase al Mundial ni trabajo, se encontró con una dura realidad y hasta replanteos de cómo seguir en el atletismo.

A pesar de ello, de un momento a otro le cayó una buena noticia: el Municipio local colaborará con su preparación, para que pueda ahora pensar en llegar a correr en los 42k de Tokio 2020.

¿Y en lo inmediato? Urrutia competirá en los 21k De Norte a Sur y también buscará competir nuevamente en un Maratón, posiblemente fuera del país. Se le cerró una puerta a Urrutia, pero se le abrió otra. Cambió un apoyo por otro. Estos malabares permanentes explican, a modo de radiografía, por qué tantos atletas van quedando en el camino.

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