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Al «Pipi» lo que es del «Pipi»

Leandro Romagnoli ha gozado de los dos pilares indispensables que legitiman su inclusión en la galería de ídolos de la afición de San Lorenzo de Almagro: destrezas y magnetismo.
Lo primero, va de suyo, es lo que atañe a lo sembrado en la cancha de juego propiamente dicha y lo segundo no deja de ser misterioso.
Lo segundo pasa por el tamiz de la buena observación y de las estadísticas.
El Pipi Romagnoli en su máxima expresión, fue un número 10 de la gama de los explosivos, gambeteador de dos perfiles, corajudo y siempre gustoso a dar la cara en las circunstancias de mayor demanda.
Nadie podrá decir, nadie salvo por imperio de la desmemoria, del despiste o de la mala fe, que rehuyó las marcaciones más ásperas y las varas más exigentes.
Y después, por eso mismo, están los pelos y las señales que ya son historia dorada: su debut en San Lorenzo en el crepitar de su adolescencia, su decisiva influencia en aquel espléndido campeón de la mano del ingeniero Manuel Pellegrini en 2001 y las otras cinco vueltas olímpicas que lo instalan como el jugador que más veces ha coronado con la camiseta azulgrana.
Aludimos, no será ocioso recordarlo, a quien en su carrera acumuló más de 500 partidos oficiales y que además brillar en San Lorenzo consumó un par de temporadas relevantes en Sporting de Lisboa, con pocos goles, es cierto, pero con momentos de influencia determinante en el armado y en casillero de los asistidores.
Claro que hoy, cuando se apresta disfrutar del merecido tributo de un partido de despedida, pierden todo peso la buena imagen que dejó en tierras lusas, ni hablar su breve paso por Veracruz de México e incluso el hecho de que apenas si jugó un puñado de partidos en la Selección Nacional.
San Lorenzo es para Romagnoli su lugar en el mundo, hecho y derecho, intocable, sagrado y tan pero tan sagrado que jamás se dio demasiada entidad al rumor de que en realidad su corazón late más fuerte por Huracán.
Héctor Veira, el Bambino, fue en su juventud un confeso hincha de Huracán, lo cual jamás conspiró contra un vínculo profundo y virtuoso con San Lorenzo, como jugador y como director técnico.
¿Qué importancia tendría que en su niñez, por ejemplo, Pipi Romagnoli hubiera simpatizado con los primos de Parque Patricios?
Ninguna, salvo para el morbo de eventuales panelistas de los programas de televisión o para el libre albedrío de las tertulias de café.
Ni por asomo Romagnoli ha sido el mejor jugador de la historia de San Lorenzo y hasta habría que evaluar si sería justo que entrara en el top 10, en el top 20 o en el top 30, pero lo que no es susceptible de evaluación o impugnación es el hecho de que su pertenencia con San Lorenzo ha sido excepcional, como excepcional es la devoción que promueve en un club que en materia de luminarias tiene un álbum completo.

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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