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El “Chino” Fernández dejó su sello en Tandil

Humilde, siempre dispuesto, atento a cada requisitoria, con el gesto y la sonrisa franca que es su seña particular desde siempre. Un Vicente “Chino” Fernández auténtico, que dejó su huella en Tandil el último fin de semana. Con 71 años vitales y cargados de vivencias alrededor del mundo, el correntino que es símbolo y leyenda del golf argentino se brindó durante el sábado y el domingo con una clínica y un torneo denominado “Yo le gané al Chino Fernández”.

Más de 80 títulos ganados en todo el mundo, cuatro de ellos en el prestigioso Tour Europeo. Ocho veces ganador del Abierto de la República, la última vez en 2000, en un inolvidable duelo de cinco hoyos con el “Gato” Romero, y nada menos que a los 54 años. Son sólo algunos de los logros de este fenómeno del golf argentino.

El “Chino” llegó más tarde de lo esperado el sábado, por una confusión en la ruta que lo traía desde Buenos Aires, pero el apuro por una clínica que debe empezar los antes posible no le impide cumplir con todos. Muchos lo conocen de hace tiempo, otros simplemente quieren saludarlo, demostrarse su admiración. Y también están los que tienen una relación más cercana, y que llegan para reencontrarse después de mucho tiempo. Como María Julia Caserta, una habitué del Tandil Golf Club, con un rico pasado como aficionada, que le arranca varias carcajadas al “Chino” y le muestra un sobre con viejas fotos para que las vean juntos más tarde: “María Julia fue una jugadora espectacular. Tenemos una relación de años porque ella nos hacía de niñera cuando teníamos algún evento con la madre de mis hijos. Lo peor es que hacía más lío que los chicos”, cuenta el “Chino” con una sonrisa.

“Hacía más de 30 años que no venía a Tandil. Me contaron que la ciudad está muy cambiada, pero la verdad es que yo sólo puedo hablar de la cancha, porque aquella vez sólo tuve tiempo de hacer actividades relacionadas con el golf. Entonces, lo que veo es un campo hermoso, con una arboleda espectacular que creció en todos estos años, porque la recuerdo con la mitad del tamaño de hoy.

Como me pasa a cada ciudad donde voy, el reencuentro con amigos es inevitable y te da una satisfacción enorme. Tengo muchos conocidos aquí y espero poder aprovechar el tiempo para dedicarles un rato de mi tiempo a todos”.

-¿Cómo es tu relación con el Tandil Golf Club?
-La última vez que vine fue como padrino de la Escuela de Menores, y me encanta el impulso que ha tomado la actividad en el club. A pesar de la distancia, mi relación con el Tandil Golf Club es permanente y mi afecto también. Me encanta esto, me gusta que me tengan en cuenta para estos eventos, porque es hermoso recorrer el país.
-¿Qué actividades desarrollás ahora?
-Tengo 71 años y en los últimos cinco aprendí lo que es “trabajar”. Como parte de La Providencia, que es un resort con un proyecto muy ambicioso de golf en la localidad de Canning, estoy en constante movimiento. Junto a mi hijo Gustavo tenemos una academia que se llama Chino Golf Academy y en la que buscamos enseñar y desarrollar el juego para aficionados de todas las edades. Yo siempre digo que no estoy capacitado para iniciar a los chicos en el juego, y por eso esa parte está a cargo de Gustavo, que es un docente nato. A mí me toca volcar mis conocimientos en jugadores ya desarrollados y en profesionales que necesiten una mano. En los últimos tiempos estuvimos trabajando con José Cóceres, que está buscando algunas mejoras para relanzar su carrera entre los senior.
-¿Cómo ves al golf profesional argentino?
-Lo veo en un momento espectacular. Seguimos teniendo los problemas históricos de falta de apoyo y de respaldo económico para los profesionales jóvenes, pero eso no impide que se destaquen en cualquier gira del mundo en la que participen. Emiliano Grillo y Fabián Gómez están en un gran nivel, Andrés Romero parece resurgir con su nuevo triunfo en Europa, y hay muchos jugadores con potencial en las giras del PGA Tour. El profesional argentino siempre explotó cinco años después del resto de los jugadores del mundo, y por eso hay que saber esperarlo y mantener el apoyo de los sponsors. Pero claro, eso es muy complicado porque se trata de invertir dinero en algo que no se sabe si va a redituar económicamente.
-Cambió el origen y la formación de los profesionales argentinos.
-Sí, mucho. Ahora está dando sus frutos el proyecto de alta competencia que comenzó la AAG hace unos años y la mayoría de los jugadores destacados son ex aficionados. Sin embargo, los chicos que como yo o como otros grandes jugadores argentinos comienzan como caddies, siguen estando presentes, aunque cada vez se les hace más difícil. Los caddies no tienen lugar en la mayoría de los clubes, y es un problema muy profundo en el que hay culpas repartidas. Sin embargo, en provincias como Córdoba, Tucumán o Chaco los chicos humildes siguen teniendo su espacio, y de vez en cuando surge con fuerza algún jugador con mucho potencial.
-También estás en la organización de torneos en el país.
-Estoy trabajando con la PGA de Argentina, y estamos muy contentos con los torneos senior que estamos organizando en diferentes canchas del país. La próxima semana tendremos el primer torneo del año en Los Cardales, y habrá tres competencias más de aquí a fin de año, incluido mi torneo del 6 al 12 de noviembre, en La Providencia. Tengo muchas ganas de traer el circuito senior a Tandil. Hace un tiempo tuve algunas conversaciones con Nicola Parasuco para organizarlo el Clásico Chino Fernández en El Valle, pero al final no pudimos concretarlo.
La pregunta obligada para el “Chino” es sobre Roberto de Vicenzo, el máximo exponente histórico del golf nacional que falleció en junio pasado, a los 94 años. El “Chino” se quiebra, se emociona al punto de no poder emitir una palabra. Cuando se recompone, describe emocionado lo que significó para él la partida del “Maestro de Ranelagh”: “Roberto De Vicenzo dejó un tremendo vacío en el deporte argentino. Fue una persona que transcendió totalmente su deporte, un embajador con todas las letras. Siempre dije que fue mucho más grande como persona que como jugador, y eso que nadie ganó tantos torneos como él alrededor del mundo. Fue una gran guía para los golfistas de mi generación, un modelo a seguir y nos abrió el camino a todos, sobre todo en Europa. Hablaba muy seguido con él, últimamente me decía que ya había hecho todo, que no encontraba muchas motivaciones, y cuando se cayó y se lastimó la cadera fue como un punto de resignación. Se entregó definitivamente. Uno sabe que a la edad de Roberto, la partida es inevitable, puede venir en cualquier momento, pero de todos modos me pegó muy fuerte su fallecimiento. Se lo extraña mucho”.

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