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Imágenes sonoras de Viena en el Mozarteum

Escribe Oscar Antón Roca

La capital de Austria ha sido desde hace varios siglos un polo magnético para los creadores musicales. Evidentemente su atmósfera artística atrae e inspira, provoca y proyecta, resultando entonces en que los músicos de todos los estilos y tendencias hallen allí  un hábitat enriquecedor.

La Wiener Kammersymphonie, un notable quinteto de cuerdas de Viena, ofreció en el Mozarteum local un concierto integrado por obras de compositores que, austríacos o no, hallaron en esa ciudad la inspiración suficiente para dar nacimiento a perdurables piezas de la historia de la música.

 

Primera parte

La “Flauta Mágica” de Mozart fue la que abrió el programa. En un arreglo para quinteto de 1808  se interpretaron la obertura y las arias “El recolector de pájaros soy” y “La venganza del Infierno”. Los tres números de este singspiel con su envolvente encanto y virtuosismo evocaron elocuentemente a personajes como Papageno y la Reina de la Noche. El fraseo del quinteto fue convincente y se evidenció naturalidad en el lenguaje expresado.

La primera parte continuó con el Concierto Nº 3 para piano de Beethoven en la versión para piano y quinteto de cuerdas de Vinzenz Lachner, compositor y director alemán quien también tuvo una enriquecedora estancia en Viena. Y es en este punto que debemos detenernos para volcar una impresión lo más fidedigna posible en cuanto a la interpretación del destacado pianista José Gallardo, notable músico argentino de prolongada trayectoria en Europa. El equilibrio de sus planos sonoros en el juego sostenido con el quinteto fue soberbio. Su timbre es cálido y a la vez enérgico. Es aquí donde es menester subrayar que el piano del Mozarteum de Tandil suena magnífico en coloración y amplitud, característica que Gallardo supo aprovechar para ensalzar su apasionante discurso de la no menos apasionante página de Beethoven. Los tres movimientos resultaron plenos de carácter e impronta individual, muy especialmente el  Largo central, de dicción envolvente y confortadora.

 

Segunda parte

Luego del intervalo el ensemble austríaco ofreció las Siete Piezas fáciles opus 146 del vienés Ernst Krenek, originales para la formación. El compositor, quien vivió casi de punta a punta el siglo XX, transitó por varios estilos, entre ellos el jazz, y gozó de popularidad en Austria y en la Alemania de la primera post guerra hasta que fue incluido en la lista negra de compositores “desagradables” para el régimen nazi, teniendo que exiliarse en los Estados Unidos. Fue discípulo de Arnold Schoenberg y, seguramente bajo la influencia del estilo de este último, escribió las siete miniaturas musicales que escuchamos, todas de impronta expresionista y contrastantes entre sí.

 

Renglón aparte para el primer movimiento de la Sinfonía n° 4 en Sol Mayor del bohemio Gustav Mahler, también residente por una década en Viena. La transcripción necesaria para el quinteto fue producida por ellos mismos. Aquí nos encontramos con un Mahler menos gigantesco que el de sus sinfonías siguientes. Después de una introducción que inevitablemente evocaba las líneas típicas de Sibelius, el fluir melódico y armónico produjo una sensación de eco del lenguaje mozartiano, incluso en el tratamiento de la forma del movimiento. Seguramente la reconocida adhesión de Mahler al estilo del genio de Salzburgo se expresó sin barreras durante la factura de la partitura.

 

La música de la evocación

Claro, el variopinto programa abordado hasta aquí todavía presenta un lugar vacante, el de la música feérica, la del encanto producido por la evocación de paisajes y relatos fantásticos, tan propios del folclore centroeuropeo. Es entonces que la Kammersymphonie obsequió las “Imágenes de cuentos de hadas” de Erich Korngold, otro bohemio de fructífera estancia en Viena. Sus cinco movimientos volcaron en el aire el perfume y los gestos musicales que son patrimonio de los austríacos, el embeleso y el misterio de melodías acariciantes que son seguidas por otras que inquietan. Genuina impronta en la culminación de este viaje por los senderos del arte musical vienés.

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