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Una obra teatral tandilense fue seleccionada para participar de una gira por México

Se trata de "Bowen", dirigida por Julia Lavatelli y protagonizada por Daniela Ferrari y Esteban Arganz, que sube a escena este fin de semana en la ciudad, como previa de las presentaciones en el país azteca. Su directora, de reconocida trayectoria en el sector, conversó con este Diario sobre los desafíos actuales de la actividad teatral.

Julia Lavatelli dirige a actores tandilenses en una obra que fue seleccionada por el Instituto Nacional del Teatro para ir de gira por México.

El Eco

Julia Lavatelli es una mujer de teatro de larga trayectoria en la ciudad. Docente, actriz, directora, investigadora, sus múltiples facetas la han llevado a participar de diversos proyectos a lo largo del tiempo.

En esta oportunidad, volvió a poner en escena en el Club del Teatro una obra titulada “Bowen, intervención sobre el teatro como resto”, del dramaturgo rosarino Leonel Giacometto, que fue estrenada el año pasado. Esta es una puesta que lleva adelante con el grupo de teatro con el que trabaja desde hace 20 años, en la que se destacan las actuaciones de Daniela Ferrari, en el personaje de la actriz Adela, y de Esteban Argonz como Agustín.

La obra resultó seleccionada por el Instituto Nacional del Teatro para la gira Internacional 2018, que la llevará durante el próximo mes de octubre a presentarse en escenarios de la ciudad de México. La historia de la obra pone en relación a una actriz de repertorio varada en medio de un pueblo de la cordillera a causa de un alud, cuando es rescatada por un joven misterioso. Estos personajes un poco marginales, que se encuentran en un teatro derruido de Bowen, se entrecruzan con las experiencias de los actores en esos teatros convertidos en restos.

“Hay un secreto en la obra, ese joven extraño que rescata a la mujer guarda un secreto íntimo. También se pone en escena toda la historia de los actores en relación al teatro. La historia personal de ellos como artistas vinculados al teatro. Se cuenta la historia del Teatro Cervantes de Tandil, del que participó Daniela Ferrari. Y la historia de Argonz y el Club del Teatro también está, porque es uno de los integrantes desde muy joven. La historia de los espacios teatrales que se quedan en ruinas”, expresó la artista en diálogo con El Eco de Tandil.

Todo ese universo permitió construir un relato dentro del otro, posibilitando hacer una obra con un texto firme -que es la narrativa principal- e incluir también la historia de Tandil, de lo que significa hacer teatro en la ciudad. “Tenemos invitaciones  para presentar la obra en otros lugares de Argentina, como Córdoba, Rosario, pero está un poco difícil terminar de cerrar las giras. No ha sido un año fácil, aunque la obra anduvo muy bien y tenemos intenciones de seguir mostrándola”, precisó.

-¿Se puede vivir del teatro en Argentina?

-Yo me dedico exclusivamente al teatro y tengo muchos conocidos que lo hacen. De la actividad teatral propiamente dicha (actuación, dirección, dramaturgia, escenografía, vestuario) es difícil. En general, casi toda la gente que trabaja en la actividad artística tiene una salida un poco más estable dando cursos, clases, gerenciando espacios teatrales, porque ese tipo de trabajo ligado al teatro pero no estrictamente artístico es más estable. Es difícil sostenerse y en Tandil más, aunque sucede en general en Argentina.

-¿Cuánto hay de autogestivo en la actividad teatral?

-Es un trabajo de autogestión, aunque hay instancias de subsidio que se han conseguido en los últimos 20 años, a partir de la Ley Nacional del Teatro, y es el Instituto Nacional de Teatro quien financia principalmente. En la provincia de Buenos Aires hay un Consejo Provincial de Teatro Independiente que no funciona como debería, pero que también está destinado a sostener la actividad teatral. En Tandil hay un Consejo de Teatro Independiente también, establecido por ordenanza municipal.

La actividad teatral involucra a mucha gente. Moviliza a un gran sector social. Se hace en ONG’s, en bibliotecas, en centros de jubilados, en salas privadas, hay carreras destinadas a eso. Si uno piensa toda la actividad teatral, reúne mucha gente, significa mucho como actividad productiva, hay algunos canales de financiamiento, implica siempre un trabajo autogestivo importante.

-¿Qué debe tener un texto dramático para que te interpele y quieras llevarlo a escena?

-Me gusta pensar que el trabajo que hacemos puede generar una experiencia para los espectadores interesante, conmovedora, transformadora, para nosotros y el espectador. Cuando elegimos los proyectos, no elegimos solo por el contenido, por la historia sino también por lo que nos permite describir de lo propio. El papel no tendría que ser el de alguien ajeno, hace falta poder inscribirse dentro de él. La subjetividad debe encontrar canales en las obras. Si podemos eso, podemos esperar que el espectador ponga lo propio en la construcción.

-Si tuvieras que elegir una sola actividad para desarrollar el resto de tu vida, ¿dirigir o actuar?

-Ahora elijo dirigir, pero tiene que ver con la edad, porque el actor hace una entrega de su cuerpo extraordinaria y cada vez es más difícil hacerla, por eso hay tan pocos actores mayores. Para las mujeres es más difícil todavía, esa idea de Simone de Beauvoir de la ‘mujer rota’, pasa un poco eso. Por eso elijo dirigir pero no porque sea el lugar más gozoso, el del actor lo es. Hay una experiencia tan concreta con el cuerpo, que no le pasa al director.

-¿Qué te dio el teatro?

-Mucho. Me dio una profesión, pero también viajes y estudios en otros lugares, muchos espacios, mucha gente, que de alguna manera me ampliaron la perspectiva y el conocimiento. Relaciones. Volvería a elegirlo sin dudas. Me parece que el teatro tiene algo único que reúne esa experiencia corporal, que liga al cuerpo y a la subjetividad con esa condensación de espacio y tiempo del relato que es propia de la poesía. Esa síntesis, solamente en la poesía y en el teatro, pero en el teatro además ponés el cuerpo es extraordinariamente gozoso e importante, atraviesa a todos. Por eso me parece que sigue existiendo inexplicablemente en nuestro mundo tecnológico. No tiene ninguna razón de ser, toda esta actividad teatral que se multiplica, no se achica, cada vez es más. Hay algo verdaderamente intransferible que hace que persista, de alguna manera pone en juego todas nuestras significaciones, se movilizan,  se cuestionan y nos hace proyectar otras vidas posibles, otros mundos posibles.

“El arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle forma”, sentenció alguna vez el dramaturgo alemán Bertold Brecht. Julia seguirá imaginando muchos otros mundo posibles a través de distintos proyectos e ideas que ya tiene en su cabeza, para que la realidad pueda, por qué no, tomar la forma de la expresión artística que eligió para su vida.

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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