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Pidieron 14 y 10 años de prisión para los acusados de un robo

juicio

Ayer se retomó el juicio contra los dos acusados de cometer un robo en una casa y luego protagonizar una cinematográfica persecución –incluido el damnificado- que terminó en las respectivas detenciones.

Sin margen para testimonios, más que escuchar el aporte del periodista Eugenio Martínez que colaboró como testigo de actuación por el secuestro de los elementos hallados dentro del auto utilizado para el atraco, como así también una nueva intervención de uno de los imputados –Molleker-, quien insistió ante el Tribunal sobre su inocencia pero sin dar explicaciones sólidas de por qué  fue capturado a metros del auto, descalzo (un zapato fue encontrado al lado del coche y otro en las puertas de la casa robada), fue el turno de los alegatos de las partes.

El fiscal Marcos Eguzquiza casi repitió la oportuna requisitoria fiscal, con el aditamento que conlleva el testimonio en vivo y en directo de los testigos del suceso, peticionando duras penas para los que consideró responsables del hecho. A más precisiones, solicitó 14 años de prisión para Gustavo Molleker por su condición de reincidente, y 10 años para Juan Urrutia, calificando a los hechos como “Robo agravado por la utilización de un arma de fuego apta para el disparo”.

 

Las pruebas

 

Tras relatar un pormenorizado detalle cronológico de cómo ocurrieron los hechos y los respectivos roles de los señalados, el fiscal enumeró una serie de indicios incriminantes que lo llevaron a su convicción sobre la respectiva autoría y responsabilidad penal.

Por caso, la circunstancia de haber sido interceptados ambos individuos, al cabo de unos minutos y en cercanías del lugar en donde fue abandonado el vehículo de Urrutia con los elementos sustraídos en su poder,  y de las declaraciones testimoniales del damnificado, quien los observa salir de su casa, los persigue y  llega   instantes después  de detenerse el vehículo con los delincuentes, observando a uno correr y al otro a metros del vehículo sin zapatos.

El indicio de oportunidad, dado por el hecho de haber sido reconocido Molleker por el hijo del damnificado, como  uno de los sujetos que salieron corriendo de su casa.

A la vez se mencionó el conocimiento previo entre ambos imputados, dado por resultar ser Molleker primo del progenitor de Urrutia y tener una fluida comunicación –negada por ellos-, tal lo que surge del contenido de las declaraciones de los encartados, ratificadas por sus parientes.

En este mismo punto, y en virtud de la apostilla indicada Eguzquiza mencionó el indicio de mendacidad de ambos encartados reflejados en sus declaraciones cuando intentaron ocultar una fluidez de trato y relación, lo que pierde sustento con las declaraciones testimoniales recibidas que indican lo contrario y se corrobora con las innumerables comunicaciones telefónicas existentes entre ellos, tal los informes que fueron agregados al expediente, que dieron cuenta de cientos de llamados solo en el mes de mayo entre ambos.

Precisó a la vez el indicio dado, por haber perdido Molleker ambos zapatos, uno en el lugar del hecho y otro al costado del vehículo utilizado en el robo,   que se corroboró con la circunstancia de haberse acreditado que los mismos le quedaban grandes, tal lo que surge de la diligencia reflejada en el acta policial.

Eguzquiza no dejó de citar los mensajes de textos entre ambos sindicados. Cuando Urrutia envía un mensaje de texto  en su celular a un contacto de nombre  “Gustavo” (Molleker), en el cual dice, minutos antes del hecho: “Llamame ya” (29 de mayo 10.43 P.M), siendo respondido por Molleker: “No tengo crédito. Estoy en casa” (mismo día un minuto después) y a renglón seguido le dice: “preparate ahí voy tengo algo ya”. A lo cual Molleker le responde: “Dale vení”, un minuto después.

Sumando más indicios, habló sobre la circunstancia de resultar ser el vehículo utilizado en el hecho de propiedad de Urrutia, al igual que los efectos personales existentes en su interior (documentación, llaves de su vivienda y de la de su madre, gorra, reloj Garmín, teléfono celular, etc.).

El fiscal aludió también sobre la mendacidad manifiesta y mala justificación intentada por ambos imputados en su declaraciones, quienes en forma pueril e infantil intentaron separarse del hecho, negando su participación, las cuales se desvanecen a poco de andar, con la contundencia del resto de la prueba producida y cuyos principales pilares y a modo de ejemplo y prueba han sido analizados y ventilados a lo largo del juicio.

Las defensas apelaron a las absoluciones

 

Al turno de las defensas, Cladio Castaño, en representación de Urrutia, redundó en las presuntas irregularidades de procedimiento en la instrucción que, a su entender, se desnudaron en el juicio.

Reprochó primero la petición de condena del ministerio público, considerando que no encontraba explicaciones de por qué se propuso un juicio abreviado con una pena de seis años y ahora exigía una década de prisión para su pupilo.

“Un baldazo de agua fría” dijo tomar semejante pedido de pena por el fiscal, para luego arremeter con presuntas anomalías en la causa que, se supone, debieron ser zanjadas en plena instrucción.

De todas maneras en tono crítico no escatimó en cuestionamientos para con la labor policial y, en especial, el agente fiscal que actuó desde un inicio en el caso, con el cual protagonizó incidentes varios desde aquel inicio hasta el propio juicio.

Tras una extensa alocución en la que pretendió ser exhaustivo en cada uno de los resquicios que consideraba improcedentes en la pesquisa que determinaron la detención de su defendido, Castaño peticionaría la absolución y, subsidiariamente, que se reconsidere la calificación, alegando el robo agravado por efracción en grado de tentativa, lo que implicaría la automática libertad de su pupilo ante los años que lleva de procesado.

 

Más cuestionamientos

 

El defensor Calor Kolbl, a su turno, apeló también a la absolución, siendo que no estaba acreditada la autoría de Molleker.

Cuestionó el reconocimiento en rueda que derivara en la identificación de su representado, alegando que el reconocimiento de la víctima quedó desvirtuado al andar del juicio. Tampoco dejó de mencionar la presunción que genera que el damnificado vio al acusado una vez apresado tras aquella persecución, por lo que no podía valorarse el reconocimiento que luego hiciera.

Añadió que el testimonio de la mujer que aludió al calzado del acusado tampoco se podía valorar en contra, insistiendo en lo que oportunamente había planteado en plena instrucción como anticipo extraordinario de prueba, afirmando que se había violado el derecho de defensa.

Es que para el defensor, no se puede considerar aquel testimonio por el hecho que fue solamente tomado por la policía, sin la presencia de defensor alguno.

Subrayó que Molleker negó el hecho, dio su explicación de porqué era falso que haya quedado descalzo aquella noche, versión que mantuvo desde un inicio.

Lo más sustancioso que hace a la eventual condena, es cuando Kolbl señaló que aún por tenerse por acreditada la participación, debía ser considerado el grado de tentativa, ya que hubo continuidad en la persecución y luego fue recuperado todos los elementos sustraídos en la casa. Recién en el debate las víctimas adujeron que faltó dinero, una copia de llaves y una cuchilla.

Sobre la ejecución de un disparo en plena huida, se preguntó por qué  no se hizo un dermo test con lo que se hubiera evitado la discusión judicial.

Otra rareza que remarcó fue que no hubo una sola huella dactilar en ningún lado, detalle que al entender del abogado resultaba poco razonable.

 

El caso

 

El suceso, calificado como “Robo agravado por la utilización de un arma de fuego apta para el disparo,”, se remonta a las 23 del 29 de mayo de 2013, cuando dos personas ingresaron al domicilio de calle Haití 1299, propiedad de Mariano Daniel Allende y Nancy Zabala, previo ejercer violencia sobre la cerradura de la puerta principal de acceso.

Una vez en su interior se apoderaron de un televisor de 20 pulgadas, dos netbook, un equipo de música tipo home theater, un cuchillo de desguazar, 1300 pesos, un router de internet, una mochila, una campera de cuero de mujer color negro, un celular, dos controles remotos y un portafolio de tela de avión, todos elementos que cargaron en el automóvil Volkswagen Gol, dominio HFE 400, de color gris oscuro, que se hallaba estacionado en las inmediaciones.

En el momento en que los ladrones se retiraban de la casa fueron sorprendidos por los dueños, que en el mismo momento se hacían presentes ante la vivienda, iniciándose así una persecución a pie, por calle Haití hacia Colectora Pugliese.

Mariano Allende logró dar alcance a uno de los sujetos que se hallaba retrasado y le aplicó una patada, por lo que aquel trastabilló y cayó al piso, cayéndose asimismo un reproductor de DVD que portaba en sus manos, aunque inmediatamente el joven continuó la huida y esgrimiendo un arma de fuego tipo revolver calibre 32, efectuó un disparo contra su perseguidor, lo que causó que los damnificados desistieran en la persecución, retirándose los autores del ilícito en poder de los elementos sustraídos.

Empero, Allende iría por su auto y los persiguió mientras daba aviso a la policía quien, finalmente logró interceptarlos en la esquina de Paz y Constitución. Una vez allí, uno de los ocupantes del rodado buscado corrió por Paz hacia Avellaneda, quien sería aprehendido días más tarde por los elementos secuestrados en el rodado que era de su propiedad, entre ellos un celular, su documentación, además de todos los artículos del hogar que habían sido sustraídos de la casa.

En tanto al otro, la policía lo capturó cuando caminaba, descalzo,  por Constitución hacia Santamarina, a metros del rodado. Uno de los zapatos fue encontrado cerca del rodado. El otro lo había perdido en la puerta de la casa que había sido violentada para el robo.

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