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A los 89 años, Lidia García de Bartrés disfruta del aprendizaje de la pintura

Lidia García de Bartrés tiene 89 años y es alumna del taller de Christian Vogrich desde 2010. Descubrió el arte y sorprende por la calidad de sus obras.
Muchos la conocen porque fue profesora de inglés en la escuela de Comercio y también enseñó costura en un importante instituto. Hoy dedica sus días a compartir con sus afectos y a pintar bellos cuadros que ha regalado entre sus familiares.
-¿Cómo llegó al taller de pintura?
-Es una historia medio larga. Encontré una alumna que había tenido en costura y yo quería ocupar el tiempo en algo y ella me dijo ‘porque no venís a pintura’ y me anoté en la Sala Abierta de Lectura. Estuve un tiempo y, al año siguiente, la profesora dejó el curso, de manera que no seguí, pero ‘me había picado el bichito de la pintura’, así que averigüé dónde podía ir. En ese momento me nombraron a Christian Vogrich. Empecé a ir a su taller y me preguntó lo que sabía hacer, yo le llevé los trabajos que ya había hecho. La facilidad de mover el lápiz la tenía porque yo había aprendido costura y había enseñado. A veces, había que dibujar y entonces ya tenía algo del oficio. Pero no sabía casi nada, así que empecé de cero.
-¿Qué le fue enseñando?
-Yo siempre había querido dibujar paisaje, así que fui con mi nieto por El Cerrito y saqué las fotos de unos cedros con unas piedras y llevé eso para empezar a pintar. Compré todos los elementos y Christian me fue enseñando. El es muy partidario de los colores primarios, de crear los colores, no de comprar todos los colores. Así empecé con esas pinturas y sigo hasta el día de hoy, siempre haciendo pintura figurativa.
-¿Qué ha aprendido de su docente?
-Es un profesor excelente, no te influencia, te guía en lo que vos querés hacer. He pintado, al momento, más de doce obras. Yo soy muy lenta, pero para mí es una distracción, entonces trabajo sólo en el taller de Christian.
-¿Cuál ha sido el destino de sus obras?
-Todas las he regalado, menos una que me quedé, todos mis nietos tienen mis cuadros, mis sobrinos, es un gusto.
-¿Qué dice su familia de esta dedicación que le da a la pintura?
-Están encantados. Mi hermana había estudiado de joven en Bellas Artes con profesores famosos como Valor. Ella siguió pintando en casa y después dejó cuando se casó. Y yo empecé ya de grande.

Su vida

-También se dedicó a la costura.
-Sí, después de terminar mis estudios para maestra, aprendí costura con mi madre que tenía un instituto muy famoso en su época. A mí me gustaba, me crié al lado de la aguja y el hilo. La costura la fui dejando cuando me afiancé en la enseñanza. Antes, todo el mundo estudiaba costura, después se popularizó la ropa hecha y cambió todo.
-¿Ejerció como maestra o sólo como profesora?
-Yo quería enseñarle a la gente grande o seguir medicina, pero mi padre dijo que no, porque no se mandaba a estudiar a las chicas solas. Mi madre me tranquilizó diciendo ‘vamos a esperar’.
-¿Y qué pasó?
-En ese momento empecé a estudiar inglés y me gustó mucho y dije ‘bueno, yo quiero ser profesora de inglés’. Averiguamos que en la universidad de Córdoba se podría rendir libre. Fuimos a Córdoba, pedimos los programas y empecé a estudiar inglés, mitad sola y mitad con una inglesa.
-Y llegó el momento de enseñar.
-Después que terminé, me fui a anotar a la escuela. No pasaba nada, así que acompañando la enseñanza de costura que hacía en el instituto, abrí una sedería. Cuando se cumplieron dos años de tener el negocio, me vinieron a buscar de la Escuela. Había cambiado la política y querían profesores y yo estaba anotada. Yo empecé a enseñar en la escuela de Comercio, y seguí hasta jubilarme.
-¿Cómo transcurren sus días actualmente?
-Antes caminaba, hacía gimnasia y nos hicimos un grupo de amigas que seguimos manteniendo. Hice el curso de memoria de adultos mayores, donde formamos otro grupo de diez amigos que nos reunimos todos los meses. En pintura también hice amigos, con quiénes salimos a cenar. Y claro, tengo mi familia. Yo hago una vida muy natural, siempre fui sana. Yo soy muy de perfil bajo, tranquila, no me gusta destacarme.

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