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Azucena, el pueblo donde las comunicaciones fallan

El viaje hasta Azucena, en una tarde soleada y primaveral es sumamente placentero. Los cerros y las quebradas custodian las tierras más fértiles, símbolo del progreso en un país movilizado por la agroindustria. Al llegar al corazón del pueblo, un puñado de manzanas irregulares, sorprenden algunos establecimientos con enormes silos y galpones. Varias casas modernas y muy pintorescas conviven con edificios históricos, como la vieja panadería.

Ayer, poco después de las 17, terminaba la jornada escolar. El Jardín de Infantes 917 había festejado la primavera y los chicos salían con detalles de flores y colores sobre sus pintores a cuadros. Enfrente, el movimiento en la Escuela 12 también era incesante. Las madres subían y bajaban de sus vehículos con determinación, mientras los colectivos aguardaban a los pasajeros para iniciar los recorridos por los caminos rurales.

El ir y venir de los vehículos era ajetreado por las calles de tierra, dinamitadas, repletas de pozos, que conducen a los edificios más importantes del pueblo. Un grupo de chicos caminaba con su catequista rumbo a la capilla. Y en plena tarde, Azucena mostraba toda su actividad, a 20 kilómetros de Tandil y desconectada del mundo.

Sin internet

Acostumbrados a vivir sin señal de celular ni internet, los vecinos de Azucena acuden diariamente a la plaza “Dr. Osvaldo Zarini” para utilizar el wifi gratuito que instaló el Municipio. El servicio también funciona para la sala de primeros auxilios y la biblioteca. Sin embargo, hace varios días que la conexión está caída y no aparecen las ansiadas soluciones.

El peregrinar de motos y autos se detiene en la plaza. Es una escena cotidiana observar a las personas en sus vehículos, manipulando los celulares. Por estos días, si bien consiguen captar la señal, no logran navegar por internet. Ni siquiera pueden enviar un whatsapp.

Los alumnos de la Escuela 12 habían caminado hasta la plaza con intenciones de conectarse un rato, pero no lo lograron. Ellos le confirmaron al móvil de El Eco de Tandil que estaban incomunicados, ya que en el establecimiento educativo la conexión tampoco es buena.

En la plaza, dos trabajadores municipales desarrollaban tareas de pintura en los juegos y el equipamiento, a pesar de los pastos altos. Tampoco se habían podido conectar y habían puesto a disposición su buena voluntad para reiniciar el equipo, pero no tuvieron éxito.

Así, la comunidad se encaminaba a pasar el fin de semana desconectada, sin noticias ni diálogo con sus amigos y parientes que viven más allá de las fronteras del pueblo. Sin embargo, no perdía la esperanza de poder recuperar la posibilidad de comunicarse con el resto del mundo.

El acceso,
una tortura

Los caminos son otro elemento central que permite a las personas estar comunicadas. En el caso de los 3 kilómetros del acceso a Azucena, por la Ruta Provincial 74, se ha convertido en una verdadera tortura.

El asfalto ha desaparecido -literalmente- en gran parte del tramo y los enormes pozos dan la pauta de la falta total de mantenimiento por parte del Municipio. Los autos, camionetas y colectivos de los lugareños avanzan zigzagueantes, gracias a un estudio pormenorizado de la ubicación de los cráteres y su memoria fotográfica.

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Incluso, en un sector, los vaqueanos marcaron una huella alternativa sobre la banquina y utilizan esa vía para proteger amortiguadores, neumáticos y tren delantero del impacto letal de las enormes grietas.

Cuando llueve, todo se agrava. El agua se acumula sobre el camino de acceso y lo cubre totalmente. Cuando se retira, es un barrial digno de una carrera de rally. En ese momento, la paciencia se vuelve la mejor aliada de los habitantes de deben salir o entrar al pueblo, y lo peor que podría ocurrir sería una emergencia.

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