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Casación redujo sensiblemente la condena de Martín de Agostini

En un reciente fallo, la Justicia hizo lugar parcialmente al recurso interpuesto por el defensor Diego Araujo, modificando  el fallo a nivel de determinación de la pena e incorporando como pauta atenuante “la significativa reducción del ámbito de libre autodeterminación padecido por el imputado producto del estado de intensa conmoción emocional en el que actuó, lo que reduce significativamente su culpabilidad por el hecho, ello así de conformidad con los fundamentos expuestos al tratar la cuestión planteada en la presente”.

En ese orden, los jueces de la Sala Quinta del Tribunal de Casación Penal de la provincia de Buenos Aires, Jorge Hugo Celesia y Martín Manuel Ordoqui, resolvieron reducir la pena que corresponde imponer a Martín De Agostini como autor de los delitos de doble homicidio en concurso real fijándola en 16 años de prisión.

En la resolución también se rechazó el recurso de casación interpuesto en relación a todos los restantes motivos de agravio.

Como oportunamente se informó, a principios de diciembre de 2013, el Tribunal integrado por los jueces Guillermo Arecha, Gustavo Echevarría y Pablo Galli resolvieron condenar a Martín De Agostini, alias “Pelado” o “Trincho” para algunos, a la pena de 24 años de prisión, como autor penalmente responsable del delito de “Doble homicidio en concurso real”, por el hecho cometido el 14 de diciembre de 2011, en perjuicio del matrimonio de italianos Santo Antonio Bravata y Francesca Croce.

En aquella oportunidad, la hipótesis del defensor Diego Araujo, quien invocó en su alegato el estado de estrés que afectaba a De Agostini producto de una asfixiante situación económica que lo tenía paralizado, fue descartada por los magistrados.

Según se desprende del veredicto, dicha posibilidad fue desechada en cuanto la referencia de De Agostini expresó que el motivo para haber concurrido al domicilio de Bravata tenía como propósito hacer conocer su imposibilidad de cumplir en tiempo sus obligaciones “puesto que tal circunstancia no constituía un hecho excepcional, por el contrario, era uno más de los acreedores  -ni siquiera el más importante- con quien debía excusar su incumplimiento”.

Sobre la teoría defensista, en cuanto a la afectación del estrés y las amenazas invocadas para justificar un estrechamiento de conciencia o ser consecuencia de un estado de emoción violenta, encontró en las peritos psiquiatra y psicóloga oficiales del departamento judicial, doctora Silvina Banega y licenciada María Eugenia Navarro, un contundente rechazo en sus exposiciones en la audiencia en la que liminarmente ratificaron el informe agregado que concluye que De Agostini pudo comprender la criminalidad del acto y dirigir sus acciones.

 

La defensa

 

Tras el fallo, el defensor presentó el recurso en Casación, donde alegó “el absurdo valorativo en que ha incurrido el Tribunal para tener por acreditada la intención homicida de su defendido en forma previa al ingreso al domicilio de las víctimas, lo que resultó el argumento principal para descartar los planteos de imputabilidad disminuida o emoción violenta”.

Alegó al respecto que en ese punto se ha desarrollado un razonamiento meramente conjetural, sugiriendo que el imputado llevó escondido un martillo; que ese martillo era de grandes dimensiones y distinto al que podría llevar usualmente un trabajador; que seleccionó ex profeso ese martillo para dar muerte a las víctimas y que el imputado era diestro en el manejo de esa herramienta.

Añadió que “el cariz de las conjeturas se nota no sólo por carecer de prueba fehaciente que las sustente sino por sus propias vaguedades -tales como cuando el Tribunal habla de la actitud del imputado de ‘cubrir o acomodar’ un objeto cuando se trata de expresiones bien distintas-, y contradicciones, como cuando en un momento reconoce que era habitual que el imputado llevara consigo un martillo, para luego estimar que lo llevaba ‘escondido’”.

Araujo insistió en que del análisis de las características de los hechos surgen datos de importancia para sostener su pretensión, tales como la cantidad de golpes y su localización en tanto dan cuenta de movimientos repetitivos o de automatismos producto de un acto impulsivo, lo que según el recurrente fue ratificado en la audiencia por el médico legista y psiquiatra Maldonado y por la perito oficial Banegas.

Asimismo destacó que las víctimas fueron sorprendidas, siendo ésta una nota característica de la emoción violenta. Agregando que se trató de un hecho inusual, sumamente violento y con un elemento contundente que denota características de impulsividad.

Señaló el defensor que la emoción violenta no es un estado sino un episodio, situación que no se puede medir con los criterios de la mayoría, sino que resulta relevante la conformación personal de cada sujeto con relación a su estructura de personalidad, y que erróneamente los peritos oficiales y el Tribunal se han ceñido a conceptos estáticos de las posibles consecuencias conductuales de un estado emocional gravemente alterado.

 

La resolución

A la hora de responder el recurso, Casación dio tratamiento de modo conjunto a los agravios vinculados con la aplicación al caso de la figura atenuada de homicidio cometido en estado de emoción violenta y a aquellos que cuestionan la determinación de la pena.

Siguiendo dichas premisas el tribunal de alzada, contrariamente a lo sostenido por los jueces locales, entendió que no puede descartarse con certeza que De Agostini haya actuado bajo un estado emocional violentamente perturbado. “Por el contrario, a mi modo de ver hay varios elementos indicativos de un actuar bajo un estado de emoción violenta”, expresó el fallo.

También se subrayó que “puede y debe tenerse por acreditada la existencia de una situación coyuntural que, por el modo en que fue percibida por De Agostini, resultó un disparador de situaciones vivenciales anormales que derivó en un ataque de una violencia inusitada hacia las víctimas”.

Entre las razones del cambio de criterio judicial, los jueces de Casación señalaron que las características de los hechos y la forma en que De Agostini los llevó a cabo, llevan a descartar la premeditación, pues más bien indican lo contrario.

En efecto “los homicidios se cometieron en la propia casa de la víctima, en la que el imputado sabía positivamente había cámaras de seguridad que registrarían su ingreso y egreso y además una persona que habitaba en otro inmueble pero en el mismo terreno; se cometieron a plena luz del día, de un modo extremadamente agresivo que lógicamente dejaría gran cantidad de rastros, y además se dejó en el lugar el arma utilizada para cometerlos, la luz encendida y los cadáveres a la vista de cualquiera que ingresara a la casa”.

En consecuencia -sigue el fallo-, no encuentro ninguna razón objetiva para descreer del motivo que el imputado dio respecto de su concurrencia al domicilio de las víctimas, esto es que lo hizo para dar a conocer su imposibilidad de pago y pedir más tiempo para cumplir”.

 

La emoción violenta

Así las cosas, también se consideró las características del hecho, la personalidad del imputado, la particular situación anímica por la que cursaba en aquel tiempo y la total “ahistoricidad de un accionar de este tipo en el contexto vital de De Agostini, que, como lo adujo el imputado y no encuentro motivo para descreer, algo ocurrió allí que generó su actuar desenfrenado compatible con un estado psicológico de emoción violenta”.

Para el Tribunal, las conclusiones llevan a descartar sin ningún lugar a dudas la inimputabilidad, pero no sólo no descartan sino que se compatibilizan -al menos con grado de probabilidad- con la existencia de un accionar en el marco de un estado de intensa conmoción emocional.

Así las cosas, no se descartó “y por tanto debe admitirse como probado”.

que el imputado ha cometido los hechos bajo un estado de emoción violenta.

“Cuando el estado de emoción violenta no puede ser considerado excusable no se debe proceder como si aquel no hubiera existido. El estado emocional constatado se mantiene incólume, lo que ocurre es que el derecho no lo privilegia porque no lo considera, digamos, ´justificado´”.

En este caso, se consideró imposible aplicar el tipo penal privilegiado, pero la actuación bajo ese estado “adquirirá una relevancia por demás significativa a la hora de determinar la pena dentro del marco legal fijado para la figura simple, pues aun siendo inexcusable o ´injustificado´, no deja de tratarse de una circunstancia que estrecha de un modo extremo la capacidad de motivación y autodeterminación del autor, produciendo una considerable reducción de su culpabilidad”.

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