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Condenaron a 17 años de prisión al hombre acusado de abusar de su hija

Arribó a su desenlace judicial la aberrante historia que tuvo como triste protagonista una menor de siete años y su padre, quien resultó ser el que abusó sexualmente de aquella. Así lo entendió el Tribunal Oral Criminal 1, quien en coincidencia con lo peticionado en su alegato por el fiscal, emitió un fallo condenatorio.

En efecto, al decir del veredicto al que arribó el juez Guillermo Arecha, con la adhesión de sus pares Pablo Galli y Gustavo Agustín Echevarría, se sentenció a Sergio Raúl Contreras a la pena de 17 años de prisión, como autor penalmente responsable del delito de “Abuso sexual doblemente agravado por ser cometido por un ascendiente y por la situación de convivencia preexistente, en forma reiterada, en concurso ideal con corrupción de menores agravado”, por los hechos cometidos en el período comprendido con posterioridad al 12 de marzo de 2010 y hasta el 4 de diciembre de 2012 en perjuicio de su hija.

Asimismo, en el fallo se estableció la prohibición absoluta de contacto personal y por cualquier otro medio o por interpósita persona entre el imputado y la víctima, a cuyo fin se hará saber al Juzgado de Familia de Tandil.

Para los jueces, quedó suficientemente acreditado que en el período citado el acusado, aprovechando la situación de convivencia abusó sexualmente en forma reiterada de su hija en distintos momentos del día, haciéndola compartir la cama durante la siesta y en la noche bajándola de la cama cucheta donde pernoctaba.

Se acotó en el veredicto que los actos por su reiteración y por lo prematuro atendiendo a la inmadurez de la víctima,  resultaron aptos para afectar y desviar el normal desarrollo de su sexualidad.

Respecto al planteo defensista, acerca de la prueba indirecta por testigos de oídas y la falta de un testimonio claro de la víctima, el Tribunal señaló que de la exposición de la niña en la cámara gesell surgió con claridad a qué tipo de abuso era sometida, que la descripción de los hechos resultó limitada, refiriendo que otras cosas habían sucedido pero no las recordaba, así fue que ante la insistencia sobre “esas otras cosas” la menor no negó su existencia, reiteró que no las recordaba.

En el fallo se sostuvo que “la amplitud en el relato de la menor de los hechos que victimizaron en contemporaneidad con la medida cautelar de protección que adoptó el Juzgado de Familia local el 4 de diciembre de 2012 se vio afectada por distintas circunstancias, debidamente acreditadas, que imposibilitaron su exteriorización verbal al momento de realizarse la cámara gesell. A la ausencia del mayor compromiso funcional que se exteriorizó en la audiencia por el fiscal que interrogaba y la profesional que lo asistía, de no arbitrar puentes para lograr la mejor conexión con la menor, de no proponer un interrogatorio más abarcativo de situaciones que no resultaban desconocidas, ello sin incurrir en la inducción de las respuestas, se agregó a esa ausencia de empatía la menor edad de la niña, el mayor tiempo transcurrido y el proceso de reparación del trauma que naturalmente ya se había iniciado en la psiquis de la víctima”.

Por otro lado, la constatación médica, no controvertida, informó que la menor, de ocho años de edad, exteriorizó una desfloración de vieja data. Dicha circunstancia resulta congruente y concordante con el relato que la menor efectuó a personas en las que depositó su confianza, como el licenciado Lozano, la trabajadora social Aballay, la guardadora provisoria Guzmán y a la madre adoptiva.

A todos ellos pudo referir la naturaleza y circunstancias de los abusos que sufrió bajo el rótulo de “chanchadas”, esto es, de haber sido accedida carnalmente por su padre. Este aspecto central en los hechos, que la menor no negó, a los cuales refirió en la cámara gesell como “otras cosas que no recordaba”, resulta consistente con la versión que proporcionó la niña a los nombrados en distintas oportunidades -referidas en sus respectivos testimonios- y en todas ellas la menor fue coincidente en referir los mismos hechos, sin alterar las circunstancias de modo, tiempo y lugar en que se consumaban.

“En los distintas momentos que la menor logró abrirse y explayarse sobre los hechos, la narración mantuvo la línea de la coherencia y coincidencia al referir las particularidades y los aspectos sustanciales de los actos atribuidos, no surgió en ningún momento atisbo alguno de que su relato hubiera perseguido otras motivaciones que fueran ajenas a la verdad de lo acontecido”, rezó uno de los párrafos del fallo.

Asimismo, el TOC 1 tuvo en cuenta las conclusiones del peritaje psicológico a la niña, que “deben interpretarse como fortalecedoras de la existencia de los hechos sostenidos por la acusación, la espontaneidad de su discurso, la ausencia de indicadores de tendencia fabulatoria, de influenciabilidad o de inducción por un tercero”.

El informe perital elaborado por la psicóloga Andrea Cantú, del cuerpo de peritos oficiales, no encontró mengua en el valor de sus conclusiones por la circunstancia que la entrevista mantenida no se haya grabado ni filmado.

A la vez, se subrayó que nada obsta a que la menor se haya comunicado con mayor amplitud en el ámbito de una determinada entrevista, que en oportunidad de tener que hacerlo bajo el sistema de cámara gesell, la consistencia de los testimonios del psicólogo Federico Lozano y la trabajadora social Andrea Fabiana Aballay, con el aditamento de considerárselos calificados habida cuenta que integran el equipo técnico del Juzgado de Familia de esta ciudad, permitieron concluir que su percepción por su relación con los demás elementos de juicio, los dichos de la niña en la cámara gesell, el informe médico y psicológico y los testimonios escuchados, autorizan a considerar la existencia de abuso sexual con acceso carnal, en perjuicio de la niña.

 

Los dichos del acusado

 

Respecto a la coartada del acusado, se sostuvo que infructuosamente Contreras intentó desacreditar el indicio de oportunidad que lo vincula, y así más allá de reconocer que vivía en la casa junto con sus dos hijas menores con las cuales pernoctaba en la misma habitación, su versión de no dormir siesta por razones de trabajo, fue desvirtuado no sólo por quien era su empleador, su propio padre, al explicar la modalidad de trabajo de albañilería que desempeñaban.

Sobre los testimonios de familiares directos y allegados íntimos del imputado, se dijo en el fallo que todos se mostraron sesgados en sus apreciaciones de los hechos, inconsistentes al momento de refutar la imputación de la menor y también contradictorios con los informes incorporados.

En otro orden, se argumentó sobre la ausencia de todo otro elemento de juicio que permitiera sospechar que la menor fabuló una historia, con la intención de atribuir falsamente hechos a su padre y que con ello perseguía el propósito de salir del lugar donde vivía, cuando por el contrario, su versión de los hechos estuvo acompañada por elementos probatorios directos -menor con desfloración de larga data a los ocho años-, e indirectos que guardan íntima relación con las circunstancia que refirió tanto en la cámara gesell como ante distintas personas, por su consistencia, concordancia y coherencia entre sí, “adquieren particular valor probatorio que autorizan a considerar, sin duda alguna, que Contreras en el domicilio abusó sexualmente en forma reiterada de su hija”.

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