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Cuando llueve, ¿nos mojamos menos si corremos o caminamos?

Juan Ignacio Peralta, Licenciado en Ciencias Físicas, despejó la incógnita utilizando uno de los modelos más sencillos para su demostración. En Ciencia llaman ‘modelo’ a la forma de explicar un fenómeno en un contexto más simple que la realidad y que, por lo general, condensan toda la información en fórmulas matemáticas. Para conocer cuánta agua nos alcanza, primero debemos estimar qué cantidad de agua nos cae por encima (lluvia) en un tiempo determinado, valor que debemos multiplicar por el tiempo al que estamos expuestos a ella. A su vez, debemos considerar la cantidad de agua que recibimos de frente a lo largo de una distancia determinada mientras nos trasladamos y multiplicarla por la distancia total que recorreremos. Así obtendremos cuánta agua nos alcanzará si caminamos, corremos o, simplemente, nos quedamos en el lugar, lo cual nos permitirá saber qué nos conviene, si apurarnos o caminar con calma.

Debemos tener en cuenta que la cantidad de lluvia que nos cae encima es constante, nos movamos o no, aunque si nos movemos, también tendremos que enfrentarnos a las gotas que encontramos por delante. Por lo que, si nos quedamos quietos estaremos en presencia de menos cantidad de lluvia, ya que sólo nos alcanzará el agua que cae, aunque si no nos movemos, el tiempo que estaremos expuestos a ella se prolongará hasta que la lluvia se detenga. Sin embargo, si decidimos trasladarnos de un punto a otro y llegar a nuestra casa, por ejemplo, cuanto más rápido corramos menos tiempo estaremos en presencia del agua que cae, aunque también tendremos que sumar el agua que nos encuentra de frente. Pero cuanto antes lleguemos a un refugio, menos agua caerá sobre nosotros, lo que significa mojarnos menos.

Finalmente, para poder determinar con mayor precisión cuándo nos mojamos menos, deberíamos considerar el tamaño promedio de las gotas que caen, la presencia o no de viento y en qué dirección, y, por último, la forma de la persona, para establecer su volumen y la superficie sobre la cuál caerá el agua. Sin embargo, estos parámetros nos llevarían a tener una respuesta que sólo sería válida para un caso específico, descartando cualquier otro tipo de aplicación y situación. Es por eso que se emplean modelos generales para dar respuestas aplicables a la mayoría de los casos.

Conclusión: cuando llueva, ¡corramos!. Excepto si lo hacemos sin intenciones de llegar a algún lado, como cuando salimos a correr por deporte, ya que en ese caso, sólo nos mojaríamos más que si camináramos.

ecuación lluvia

Ilustración fuente: https://www.youtube.com/watch?v=DwC5TJv0TiY

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