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De Venezuela a Tandil, en busca de calidad de vida

Isidora puso en palabras aquello que, desde Argentina, vemos a través de los medios de comunicación, así como también aprovechó la oportunidad para solicitar la posibilidad de que sus familiares y amigos obtengan la misma oportunidad que ella y accedan al país.

Describió la situación de Venezuela como un país en el que se vive una gran crisis económica, social, política, alimentaria y moral, ya que asegura que se violan cada vez más los derechos humanos. Incluso, es imposible conseguir medicamentos de cualquier tipo, al igual que obtener alimentos se convirtió en una odisea.

El nivel de inseguridad en el país es uno de los más altos en el mundo, según fue corroborado por un estudio. A pesar de vivir en el interior de Venezuela, donde el panorama podría ser más calmo, la joven menciona que después de las 6 de la tarde no se puede salir a la calle, por temor a los hechos de violencia. Ya no hay leyes ni Constitución que ampare los derechos de las personas, lo que la hacen reclamar: «Se han burlado de nosotros», para luego demandar que se les permita, como venezolanos, elegir democráticamente y decidir quién los gobierne.

Obligada por las expectativas de vida, que son cada vez más limitadas, y el desmejoramiento continuo, que la ha llevado a vivir muy mal, viajó hacia Argentina en busca de aquello que le falta en su país natal. Radicada en Tandil gracias a un amigo venezolano que hace ya un año que vive aquí, Isidora se mostró muy agradecida por la manera en la que fue recibida, las oportunidades que le fueron brindadas y las amistades construidas en sólo unos meses.

Conforme con la calidad de vida obtenida aquí, desea traer a sus familiares, aunque cada vez es más dificultoso, principalmente porque la aerolínea que viajaba a Venezuela ya no lo hace más. En un intento por solicitar solidaridad por parte de las autoridades que toman decisiones sobre el transporte aéreo, pidió: «Que ayuden a Venezuela, porque realmente lo necesitamos. Si no tenemos ayuda internacional, probablemente podemos pasar años así, y nosotros no queremos». En su anhelo por regresar a cuando toda la situación que describe haya pasado, recordó todo lo que debió abandonar en busca de una vida mejor y el dolor que le causa ver «caer a mi país a pedazos».

A pesar del desarraigo y la situación social que se vive Venezuela, enfatizó el orgullo que siente por su país: «Nosotros somos gente amable, acogedora y luchadora, y eso es lo que queremos demostrar», finalizó, con un tono esperanzador.

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