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Dos encapuchados asaltaron y golpearon a un comerciante en su taller de Figueroa 472

Un violento asalto ocurrió en las últimas horas del martes, en el comercio Baterías Crisol, ubicado en calle Figueroa 472. Su propietario, Rubén Sosa, fue sorprendido por dos delincuentes encapuchados cuando entraba con su vehículo. Lo golpearon, le taparon la cabeza con una toalla y, tras dejarlo maniatado con un cable, se dieron a la fuga con 6 mil pesos, las llaves de su auto, su teléfono celular y un cuchillo.

El brutal atraco se registró alrededor de las 22.30 en el taller de electricidad y venta de baterías que el damnificado, de 51 años, tiene hace ya 24 años. Los malvivientes, además de ejercer violencia física sobre él, lo insultaron y amenazaron, mientras le exigían dinero. Lo dejaron finalmente maniatado en el entrepiso del taller, donde él vive, pero afortunadamente Sosa pudo desatarse enseguida y dar aviso a la policía.

Aún conmocionado por lo que había vivido horas antes y tras haber radicado en la Seccional Segunda la respectiva denuncia, el comerciante recibió a El Eco de Tandil en su local y se dispuso a contar los detalles del brutal atraco.

El hecho

En principio, Sosa detalló que se encontraba cerrando el portón, tras ingresar con el auto, cuando fue sorprendido por dos individuos encapuchados que lo atacaron en ese momento y le sustrajeron 2 mil pesos que llevaba encima. Ya en el entrepiso, en donde él reside, los delincuentes le revolvieron “todo” y se alzaron con otros 4 mil pesos.

Además de la violencia física que ejercieron sobre él, con pisotones y fuertes patadas, relató que continuamente lo insultaron, le cubrieron la cabeza con “una toalla vieja que habían traído”, mientras le exigían “la plata”.

Aseguró que él les dio todo el dinero que tenía, pero aún así “dieron vuelta todo”, y se robaron además su teléfono celular, las llaves de su auto y un cuchillo.

“Me ataron con el cable de una plancha, y me desaté enseguida que ellos se fueron, y llamé a la policía que vino en el momento, y a mi hijo. Vinieron todos, pero ya era tarde”, lamentó.

“Un momento
terrible”

Resaltó que los efectivos “se comportaron muy bien” y contó que lo llevaron hasta el Hospital Municipal Ramón Santamarina, en donde lo revisó un médico. “Tengo unos golpes nada más de patadas que me dio uno de ellos cuando estaba luchando con el otro. Fue un momento terrible porque ya no me podía defender”, admitió.

La víctima de la entradera lamentó que “el barrio está como está toda la ciudad, no hay seguridad para nada. Uno se tiene que andar cuidando continuamente, pero qué más te vas a cuidar, no podés. No da tampoco para estar armado porque viene alguien corriendo por la vereda y ¿le vas a tirar un tiro porque viene corriendo? No se puede vivir así”.

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Miedo por su
propia vida

Tras lo sucedido, reconoció que lógicamente temió por su vida al no saber en ese momento cómo iban a reaccionar los delincuentes.

“Alguno decía: `Apuñálalo, dale con el cuchillo, que te dé más plata´. No tenía más para darles y además no sabía qué hacer. Es una situación límite, en un segundo te cambia la vida porque no sabés qué va a pasar”.

Sosa reiteró luego que los malvivientes lo único que querían era dinero. “Me pedían plata, más plata, me rompieron una campera que tenía. Por suerte yo había salido a buscar a mi hija, había dejado toda la plata junta, que parecía un montón, pero eran 4 mil pesos que es y no es plata, y tenía 2 mil en el bolsillo. Me llevaron eso, la llave del auto y el teléfono”, relató.

Admitió que cuando él no pudo “pelear más”, se quedó quieto y pensó que “hagan lo que quieran. Estás totalmente entregado, no sé cómo se fueron porque me dolían las patadas y quería que se fueran. Me llevaron al Hospital, solo tuve unos golpes y me había cortado el labio, calculo que uno de ellos también se lastimó porque tenía sangre en la campera y en el toallón”.

“Está todo mal”

Por último, el damnificado dijo que lo que él ve es que “está todo mal”, y los hechos de inseguridad han aumentado en el último tiempo y algunos no se denuncian.

Lamentó que “la gente tiene miedo. Yo no lo tengo ni lo tenía, pero no sé cómo voy a cerrar esta noche, mirando para todos lados porque no sabés cómo continúa. Uno se persigue porque no sabe qué va a pasar”.

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