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El histórico descenso de Europa en Marte

Cincuenta y tres. Ese es el impresionante número de misiones espaciales cuyo objetivo fue viajar al planeta que más nos ha intrigado en los últimos dos siglos. Desde inicios de la década del ’60, 53 misiones espaciales fueron lanzadas con el fin de acercarse a Marte; algunas de ellas, incluso, con la idea de descender a través de su fina atmósfera y aterrizar de manera controlada. Muchas de ellas fallaron o bien en el lanzamiento o durante el arribo mismo. Muy pocas, y todas por parte de Estados Unidos de América, lograron aterrizar con éxito. Son siete en total: las Viking 1 y 2 en la década del ’70, Pathfinder en los ’90, Spirit y Opportunity a principios del nuevo siglo, Phoenix en 2008 y finalmente, Curiosity en 2012.

Está claro que enviar una nave semiautomática a otro planeta no es tarea de todos los días. Y si bien hacer que a su arribo logre orbitar a este último, mucho más complejo es hacer que descienda de manera controlada en la superficie del cuerpo celeste. En el caso de Marte, este objetivo es aún más complejo debido a las características propias del planeta.

Algo muy interesante de observar en las siete misiones norteamericanas que lograron el descenso es que utilizaron distintos sistemas/metodologías para lograrlo. Desde motores cohetes para frenar la caída hasta clásicos airbags, pasando por una increíble “grúa” en el caso del Curiosity. Cada misión tiene su “personalidad” en función del peso de la nave y de las funciones que llevará a cabo una vez en destino.

En el caso de la misión ExoMars a cargo de la Agencia Espacial Europea (ESA), se trata ni más ni menos que del primer intento por parte de Europa en descender sobre Marte. Si bien Mars Express (2003) ha sido (aún lo es) una exitosísima misión, todo se desarrolló desde la órbita marciana. Es que resulta extremadamente complejo llegar al planeta rojo, penetrar su poco densa atmósfera y aterrizar de manera controlada. Con ExoMars, Europa intentará convertirse en la segunda agencia espacial de la historia, luego de la NASA, en lograr tan preciado logro.

En realidad, ExoMars, un proyecto conjunto entre la ESA y la agencia espacial rusa Roscosmos, se trata de una doble misión. La primera de ellas, ExoMars 2016, fue lanzada en marzo pasado y estará arribando exactamente mañana, en horas del mediodía de Argentina. Está compuesta por un orbitador llamado TGO (Trazador de Gases Orbital), y un módulo de descenso bautizado Schiaparelli, en honor al astrónomo homónimo que durante la segunda mitad del siglo XIX se dedicó intensamente a la observación marciana. Schiaparelli se convertirá en una plataforma de instrumentos sin posibilidad de desplazamiento alguno una vez haya tocado el suelo anaranjado. Su objetivo principal es el de testear tecnología y procedimientos para futuros descensos. A su vez, la ExoMars 2020 constará de una segunda plataforma de descenso y un rover, el cual podrá recorrer la superficie y realizar diversos experimentos.

Luego de haber recorrido 496 millones de kilómetros a lo largo de siete meses (debemos tener en cuenta que si bien la distancia más cercana entre la Tierra y Marte es en promedio de 80 millones de kilómetros, las rutas en el espacio no son rectas sino que se realizan a lo largo de curvas), el pasado domingo 16 de octubre el módulo Schiaparelli se separó del orbitador TGO para continuar sus viajes por separado. Mañana 19, exactamente a las 11.42 de la Argentina (HLA), Schiaparelli comenzará a tocar las capas superiores de la atmósfera marciana para comenzar un vertiginoso descenso. A medida que descienda, y como consecuencia del feroz roce atmosférico, comenzará a incrementarse su temperatura. Un escudo térmico protegerá al módulo de los más de 1.700 grados centígrados. A unos 11 km de altitud y cayendo a una velocidad de 1.650 km/h, se desplegará el paracaídas, lo cual le permitirá disminuir hasta alcanzar unos 250 km/h. En ese momento, y a un kilómetro de la superficie, Schiaparelli encenderá sus 9 motores retrocohetes para disminuir aún más su velocidad. Estos motores se apagarán cuando el módulo se encuentre a tan solo 2 metros de altura. Será allí cuando Schiaparelli literalmente caiga sobre la superficie. Por supuesto, está diseñado con una especie de escudo apto para dicha colisión de tal manera que sufra algunos abollones y que le permitan absorber el golpe de manera efectiva. De lograrlo, será la octava nave que descienda con éxito en Marte y la única no estadounidense hasta el momento. Serán entonces las 11.49 HLA.

Mientras tanto, el orbitador TGO encenderá su motor durante 2 horas y 19 minutos con el fin de disminuir su velocidad y evitar “pasar de largo” al planeta. De esta manera, la gravedad de Marte lo atrapará para hacerlo entrar en órbita y comenzar un proceso de varios meses que lo llevarán finalmente en marzo de 2018 a una órbita circular con una altura de 400 kilómetros, momento en que TGO iniciará su programa científico a lo largo de dos años.

¿Cuál es la importancia de los análisis que realizará TGO? La principal misión de ExoMars es la búsqueda de vida marciana presente o pasada (de ahí el acrónimo Exo, por exobiología). En la Tierra, el 90 por ciento del metano se debe a procesos biológicos. La gran pregunta ahora es si el metano marciano se debe a esto mismo o a procesos puramente geológicos. TGO realizará un minucioso seguimiento de la distribución del metano (por ello lo de “Trazador”) tanto en términos espaciales como estacionales. Esto será vital para determinar si el origen de este gas es biológico o geológico. Un segundo objetivo clave del TGO será la detección de hielo de agua subterránea.

Como expresábamos, Giovanni Schiaparelli fue un astrónomo italiano que dedicó gran parte de su actividad profesional a la observación de Marte, en particular durante el año 1877, momento en que nuestro vecino se encontraba en una posición muy cercana a la terrestre. Fue entonces que publicó un famoso mapa en donde delineaba una intrincada red de canales. Esto resultó en una gran serie de especulaciones de todo tipo asociadas al agua líquida recorriendo la superficie como así también la existencia de una civilización inteligente.

En honor a sus trabajos, un importante cráter fue bautizado con su nombre. Se trata del cráter en donde el astronauta Mark Watney (protagonizado por Matt Damon en el film The Martian) luego de un largo viaje llega a destino y logra despegar de Marte. Será este mismo cráter, Schiaparelli, en donde Europa intente realizar su primer descenso controlado. Todos esperamos el mayor de los éxitos. Y por supuesto, ansiamos los resultados que ExoMars pueda recabar. Resultados que se enmarcan en este increíble e insaciable viaje en busca de la vida más allá de nuestra preciada esfera azul.

(*) Director de Gestión Planetario Ciudad de La Plata

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