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En emotivo acto, hicieron entrega del doctorado honoris causa a Estela Carlotto

Con el auditórium del Centro Cultural Universitario colmado de público, ayer en horas de la tarde la presidenta de la asociación Abuelas de Plaza de Mayo, Enriqueta Estela Barnes de Carlotto, recibió el doctorado honoris causa que le fue otorgado por la Universidad Nacional del Centro de la Provincia, máxima distinción que otorga la casa de altos estudios.

La emblemática referente de los derechos humanos arribó alrededor de las 16.30 y dialogó unos momentos con la prensa y con estudiantes de la Federación Universitaria, que fueron quienes propiciaron la iniciativa. Ya cerca de las 17 cientos de personas que aguardaban su llegada en el auditórium recibieron de pie a la homenajeada con un sentido aplauso.

Encabezaron el acto el rector de la Universidad Roberto Tassara, el director nacional de Formación de la Secretaría de Derechos Humanos de la
Nación e hijo del abogado laboralista asesinado en la dictadura, Matías Moreno, la secretaria académica de la casa de altos estudios Mabel Pacheco, la coordinadora del área de Derechos Humanos de la Unicén, María Nazábal, y el presidente de la Federación Universitaria de Tandil, Facundo Achaga.

También estuvieron presentes el intendente Miguel Lunghi, el referente de la UCR Julio Elichiribehety, el jefe de Gabinete Marcos Nicolini, el presidente del Concejo Deliberante Juan Pablo Frolik y otros funcionarios municipales. Además, participó el intendente de Azul José Inza, autoridades universitarias, concejales, familiares y víctimas de la dictadura y referentes de organizaciones de derechos humanos.

La distinción se entregó principalmente en función de sus méritos excepcionales, por su lucha pacífica por los derechos humanos.

 

Símbolo mundial

 

El rector Roberto Tassara expresó que “con este acto culmina una jornada que quedará marcada en nuestra historia institucional. Se otorga desde el afecto pero con la absoluta certeza de su merecimiento. Junto a los hechos está la conducta y los valores, esos que hacen de Estela una mujer excepcional, y que la han convertido en un símbolo mundial de la lucha por los derechos humanos”.

“Están sus convicciones, las que siempre tuvo, desde su soñada vida de maestra y madre de cuatro hijos, las que le permitieron cambiar repentinamente sus planes con la desaparición de su hija Laura en 1977, embarazada entonces, y con la consecuente desaparición de su nieto Guido. Su perseverancia y lucha constante son rasgos que la definen”, destacó.

Y manifestó que “nunca cesó en su búsqueda, y aprendió que todo es posible para una madre que pelea apasionadamente por aquello que sabe que es justo. Un camino que empezó en las casa cuna, que siguió con la mirada adiestrada buscando rasgos familiares, indicios, pruebas, denuncias y reclamos ante autoridades gubernamentales, nacionales e internacionales, presentaciones ante la justicia, solicitudes de colaboración dirigidas al pueblo en general, investigaciones personales”.

“Se convirtió en una madre abuela que dejó su guardapolvo de maestra para reemplazarlo por un pañuelo blanco en reclamo de justicia, camino que comenzó a transitar entonces para no abandonarlo hasta nuestros días”, subrayó.

Asimismo, destacó la “consistencia ideológica desde su discurso, como desde su accionar cotidiano y su enorme credibilidad ganada por esta conducta y sostenida por todos estos valores, que le ha permitido ser mundialmente reconocida”.

 

Héroes anónimos

 

A continuación el rector hizo entrega de la medalla y el diploma por el cual se le concedió a Estela de Carlotto el doctorado honoris causa mientras la multitud le demostró el sincero afecto mediante un sentido aplauso.

Posteriormente, llegó el momento en el cual la homenajeada brindó sus palabras al público.

Remarcó que su historia “no es maravillosa, es lo que cualquier mamá o abuela hace. Yo sola no hubiera podido hacer nada, fuimos las mujeres y los hombres que también estuvieron, nuestros compañeros. Yo los llamo los héroes anónimos porque ellos aceptaron que nosotros dejáramos el hogar para salir a buscar, dejándoles a ellos las obligaciones domésticas además de mantener el hogar. No sabían si volvíamos, nos podían secuestrar dentro o fuera del país porque los brazos de lo siniestro estaban extendidos por el mundo”.

“Nos esperaban enteritos y el que espera sufre mucho más que el que vuelve, porque no sabe si quedará con los brazos vacíos. Fueron hombres que se murieron antes, la mayoría de nosotros ya no los tenemos, porque la porfía de la mujer nos constituye en una fuerza de lucha y no nos rendimos jamás. El hombre, al ser más vulnerable, el padre de esos hijos no soportó esa ausencia, su salud se debilitó. Los tenemos presentes y los honramos, los padres y abuelos de plaza de mayo”, expresó.

“Nosotros hicimos y seguimos haciendo lo que debemos, no creo que ninguna mamá que un hijo un día no vuelve no salga a buscarlo”, sostuvo.

 

En la vereda

de enfrente

 

Carlotto explicó que nació en 1930 con una dictadura cívico-militar. “Nunca vi, ni aún en 1955 cuando hubo muertes, bombardeos, fusilamientos, carteles o familiares protestando. Eso no es culpa del pueblo sino de la educación que recibía a través de los mismos medios que hoy siguen mintiendo”, lo cual desató el fervoroso aplauso de los presentes.

Y reflexionó que “nos educaron mal. Ante estos honores debo reconocer mis errores también. La educación que me dieron era para que fuera parte de esa población de la antinomia. Cuando en el 55 ya tenía en mis brazos a Laura salí a vivar la dictadura porque estaba en la vereda de enfrente, era la formación que me habían dado los medios, la educación y la sociedad que me rodeaba”.

“Si en vez de estar en la vereda de enfrente de la democracia aplaudiendo a los depredadores, hubiera salido con los familiares de las víctimas que murieron en la plaza, que fueron fusiladas, con carteles, con protestas, no hubiese habido un 24 de marzo del ‘76 y Laura estaría viva”, dijo con profunda tristeza.

 

Democracia eterna

 

Con lo expuesto, consideró que “tenemos que pensar en los momentos que estamos viviendo, con la democracia más larga de la historia. No queremos que esto se repita, queremos dejar la mayor seguridad con un camino abierto para una democracia eterna”.

“Hay que abrir, abrazar y encontrarnos en lo que coincidimos y en lo que no, discutirlo. Pero nunca que el que piensa diferente sea el enemigo, eso es lo que hoy muchos quieren para borrar la historia, para sacar estatuas y cambiar nombres de gente indeseables de esta historia argentina”, lanzó.

Recordó que “cuando le decíamos a Laura que se fuera del país porque la iban a matar dijo ´miles de nosotros vamos a morir y nuestra muerte no va a ser en vano´. Era hermosa, llena de posibilidades pero entregándose a un ideal puro hasta dar la vida. Eso es lo que nos tiene que guiar, que esa sangre derramada sirva para que nuestro país pueda decir un día que todos sus pobladores son felices porque tienen lo que necesita una familia para vivir con dignidad”.

 

“Nunca nos

arrodillamos”

 

“Creo que este acto representa mucho porque es la voluntad de los jóvenes para reconocer una lucha. Si la reconocen tienen que tomarla y si la toman, las Abuelas podemos morir en paz porque sabemos que el relevo está seguro. Hacerlo con dignidad, sin negociar absolutamente nada. Yo uso bastón, muchas de mis compañeras también y eso es porque nunca nos arrodillamos”, expuso.

 

Brazos vacíos

 

Por otra parte, afirmó que “me voy con esta sonrisa que no se me va a borrar desde el 5 de agosto del año pasado (cuando recuperó a su nieto apropiado en la dictadura). Le pedí a Dios no morirme sin abrazarlo, me escuchó y hoy tengo la familia completa. Sentí que con él volvía Laura, dejé de hablar de la muerte para hablar de la vida”.

“Dejé de escribirle esas cartas en las que le decía que seguramente en su interior no se iba a poder explicar cómo le gustaba la ópera como a su abuelo, el jazz como al abuelo y la abuela y Pappo, Almendra y Sui Generis como a su mamá, y resultó que era músico. Es una persona buena, sana, alegre, estamos haciendo un proceso de conocernos. Mi rol es ser la abuela consentidora”, afirmó con una sonrisa en su rostro.

Pero remarcó que “hay que seguir encontrando a los que faltan porque hay muchas Abuelas que aún tienen los brazos vacíos”.

Y consideró que “estos actos sirven para conmover a aquel que sabe algo, que lo diga, y aquel que duda, para que venga”.

 

Presentes

Por último, representantes del claustro no docente, de Adunce y de la Federación Universitaria le otorgaron algunos presentes y Facundo Achaga dijo algunas palabras referentes al reconocimiento entregado.

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