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Lunas y más lunas

Cuando pensamos en el sistema solar, usualmente lo asociamos al conjunto formado por el Sol y los ocho planetas principales, desde Mercurio hasta Neptuno en orden creciente de distancias respecto a nuestra estrella. Por supuesto, a éstos podemos agregarles, y es correcto hacerlo, los cometas y asteroides. De todas maneras, vale decir que el sistema Solar es mucho más que la reunión de estos protagonistas, ya que más allá de Neptuno, comienza una enorme región (incluso mucho más grande que la habitada por los mencionados) en donde residen cientos de miles de residuos; remanentes de la formación del sistema originado hace unos 5.000 millones de años.

La existencia de esta región fue propuesta en el siglo XX por el astrónomo holandés Gerard Kuiper a partir de la observación de distintos cometas. Debido a que era un gran misterio el origen de estos objetos en cuanto a la procedencia de los mismos. Kuiper propuso una especie de reservorio muy alejado respecto del Sol en donde cometas y asteroides pudiesen encontrarse de manera cuantiosa. Luego, por atracciones gravitacionales originadas principalmente por el Sol, Júpiter y Saturno, estos objetos viajarían hacia el interior del sistema Solar, lo que nos permitiría (permite) la observación de los cometas. Kuiper propuso su teoría en 1951, siendo 1992 el año en que se observó el primer objeto ubicado en dicha región.

A medida que la tecnología fue avanzando, y con ella el desarrollo de instrumental cada vez más preciso y potente, numerosos objetos del cinturón de Kuiper fueron descubiertos.

El mayor de los habitantes del cinturón de Kuiper es justamente Plutón, siguiéndole en orden decreciente de tamaños, Eris, Makemake, Haumea, Sedna y el aún “no bautizado” 2007 OR10. Descubierto en aquel año por los astrónomos Meg Schwamb, Mike Brown, y David Rabinowitz, y ubicado respecto del Sol a una distancia equivalente a tres veces la de nuestra estrella a Plutón, 2007 OR10 ha sido nuevamente noticia ya que se le ha descubierto una luna. Resulta que los objetos del cinturón de Kuiper generalmente poseen períodos rotacionales (lo que duran sus días) menores a 24 horas. Y lo que halló un grupo de investigadores liderados por Csaba Kiss del Observatorio de Konkoly en Budapest, Hungría, es que este protagonista rota cada unas 45 horas.

Una posible respuesta esgrimida por Kiss a esta anomalía fue la existencia de una luna, la cual produjese un “tironeo” gravitacional y por ende, un frenado en la rotación de su compañero principal. Fue así que a 2007 OR10 se lo observó con diferentes instrumentos, entre ellos, el Telescopio Espacial Hubble (HST).

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En realidad, el HST ya había observado a 2007 OR10 y lo que implementó el equipo de Kiss fue un exhaustivo chequeo de los datos capturados en su momento. Fue allí cuando en dos imágenes tomadas el 6 de noviembre de 2009 y el 18 de septiembre de 2010 respectivamente, se observa un objeto que aparenta ser, efectivamente, un satélite natural, es decir, una luna. 2007 OR10 también ha sido estudiado con el telescopio espacial Herschel.

A diferencia del HST que trabaja con luz visible, Herschel lo hace con radiación infrarroja, lo que le permite analizar la emisión térmica de los objetos. Con Herschel, se fue capaz de estimar no sólo el tamaño de 2007 OR10 sino también el de su luna. Los tamaños respectivos son de 1.520km y de 240 a 400km para el satélite. Con este descubrimiento, la mayoría de los planetas enanos del sistema Solar posee satélites naturales, lo que hace que Csaba Kiss esgrima en un trabajo recientemente publicado que las colisiones entre protoplanetas (planetas en formación) y distintos tipos de objetos, eran muy frecuentes en momentos de la formación del sistema Solar.

Como queda una vez más evidenciado, no sólo la existencia de planetas es usual en los sistemas planetarios, sino que además, no se encuentran solos sino más bien acompañados.

* Director de Gestión Planetario Ciudad de La Plata

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