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Murió el querido médico clínico Gustavo Gentile

Una profunda tristeza invadió el mediodía tandilense, cuando comenzó a correr la noticia de la muerte del doctor Gustavo Gentile. Se fue a los 57 años, tras una enfermedad que durante cuatro años fue socavando su espíritu y su energía. Médico clínico de miles de tandilenses de distintas generaciones, aquellos que lo conocieron en profundidad hoy lamentan que la ciudad haya perdido a un hombre con total apego a la ética, brillante y muy humano.

Gustavo había nacido el 19 de agosto de 1957, en el Sanatorio Tandil, institución de la que fue director hasta sus últimos días y testigo de su pronta partida. Su papá, el doctor Jorge Héctor Gentile (f), que era gastroenterólogo, le transmitió el amor y admiración por la medicina, al igual que su tío Carlos Gentile. Su mamá Elsa Verón crió a siete hijos, y Gustavo fue el tercer varón y el tercer médico de  los cuatro hermanos que eligieron la misma profesión.

Sus primeros pasos los dio en el Jardín de Infantes 1 y en 1963 comenzó primer grado inferior a pocos metros de allí, en el colegio San José. Muy temprano sintió el llamado de su profesión y ya en la primaria les decía a sus amigos y maestros que iba a ser médico.

En 1974 se recibió de bachiller en San José y al año siguiente, junto a su hermano el cardiólogo Claudio Angel, se instalaron en Capital Federal para estudiar medicina en la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA). Cinco años más tarde, en 1980, egresó de la facultad e ingresó a hacer la residencia en clínica médica en el Hospital de Clínicas.

 

 

El fichero

más grande

 

Como médico clínico, regresó a su ciudad en 1982 y arrancó a trabajar en el consultorio de su padre, en la Clínica Modelo. Durante los primeros años hizo guardias en el Hospital Ramón Santamarina y en el Sanatorio Tandil, donde solía atender los jueves.

A principios de los ‘90 tomó las riendas del Sanatorio Tandil, cuando fue nombrado como jefe del directorio. Encaró una etapa de modernización y crecimiento, pero respetando los principios éticos y el espíritu de los fundadores.

En paralelo, fue elegido por aquellos que habían sido pacientes de su padre y contaba con un enorme fichero de personas a las que recibía en su consultorio, convirtiéndose en uno de los médicos clínicos más reconocidos de la ciudad. Además, siempre estaba a la hora de las urgencias y para las visitas a cualquier hora en los domicilios de los enfermos.

De una capacidad intelectual asombrosa, optó por la permanente actualización. Pero sumado a esto, deslumbró por su ética y su calidad humana, guiando al paciente y dedicándole el tiempo necesario para llegar al diagnóstico y el mejor tratamiento.

Gustavo Gentile también fue un incansable trabajador, pasaba horas y horas en su consultorio, comprometido con el juramento hipocrático, pero también haciendo honor a su condición de “buen tipo”, como se cansaron de destacar sus amigos más cercanos.

 

Ante todo, una

buena persona

 

El 20 de febrero de 1988 se casó con Victoria Elissondo, con quien formó su hermosa familia a la que llegaron sus tres hijas: Dolores, Julia y Victoria, quienes hoy sufren inmensamente por su partida.

Integrante de una familia numerosa, Gustavo disfrutaba de sus seres queridos y conservaba a sus amigos que lo acompañaron desde la escuela primaria, con quienes se reencontró en 1982 al regresar de la universidad ya convertido en médico.

Gustavo era hincha fanático de River, encontraba placer en la lectura sobre política y amaba profundamente el tango, sobre todo las canciones de Carlos Gardel, y las interpretaba muy bien.

A la hora de enumerar sus virtudes, desde su entorno surgieron palabras como bondad y humildad, pero también destacaron su bajo perfil. Además, lo calificaron como un ser brillante, un estratega, resaltando su costado humano y su buen humor. Para aquellos que gustaban de sus charlas, fue un hombre de consulta y un gran maestro.

Con una intensa vida social, participó de instituciones como el Círculo Médico, el Club de Leones y la Cámara Empresaria. Pero uno de los principales proyectos donde dejó su impronta fue en la refundación del Centro de Ex Alumnos del Colegio San José, el 12 de septiembre de 2002, y asumió su presidencia hasta el 9 de mayo de 2009. Hoy de luto, sus compañeros lo recuerdan con enorme cariño y comparten el dolor de sus amigos más cercanos.

Muchos de ellos lo acompañaron en su lucha contra el cáncer, que lo atacó hace cuatro años. Se había operado de un tumor en Buenos Aires y desde entonces también se transformó en el mejor paciente. Hizo todo lo indicado. Sin embargo, hace nueve meses tuvo una recaída, permaneció internado por un extenso período y salió adelante.

Finalmente, en las últimas semanas debió ser internado en terapia intensiva del Sanatorio Tandil, donde murió ayer, cerca de las 11.30. Su enriquecedora vida terminó en el mismo lugar que lo vio nacer y donde supo desempeñarse como profesional, haciendo de la ética la única vía posible. Desde esos mismos pasillos se escucharon los lamentos de sus familiares y colegas, los que hoy se extienden a una comunidad que llora haber perdido un capital humano invaluable.

Que descanse en paz.

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