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Necrológicas

JOSEFA FALAGAN Vda. DE SAER (“POROTA”)

 

El 1 de marzo pasado se produjo el deceso de Josefa Falagan viuda de Saer, una querida y respetada vecina que el 21 de marzo hubiera cumplido 86 años.

Popularmente conocida como “Porota”, sus primeros años fueron en María Ignacia (estación Vela), aunque la Colonia Mariano Moreno fue el lugar en el que vivió una de las etapas más intensas de su vida.

Casada con Tomás Saer (f), supo acompañarlo y respaldarlo en su rol de presidente del club de la Colonia, desarrollando permanentemente numerosas actividades vinculadas con la entidad, en momentos en los que la vida social del campo pasaba por sus clubes.

“Porota” era una ama de casa que volcó en sus hijos Jorge y José Alberto su gran personalidad, caracterizada por nobles principios, buen trato y el amor incondicional a sus seres queridos.

Fue una gran compañera de sus nueras Silvia y Nelly, de quienes supo ganarse el corazón, en tanto que sus cuatro nietos -María Luján, María de la Paz, Diego y Laureano- pudieron disfrutar de infinidad de momentos imborrables, al igual que Alma, la única bisnieta.

“Porota” hace más de tres décadas y media que residía en Tandil, donde también se ganó un lugar en el afecto del vecindario.

 

Dedicatoria

 

Sus hijos, nueras, nietos y bisnieta la despiden con amor:

“Te fuiste a descansar. Ahora estás tranquila.

Gracias por todo lo que nos diste. El dolor es grande y se extraña tu presencia. Quedan tus recuerdos más lindos grabados en el corazón de quienes te amamos.

Vamos a extrañar tus mates, tus cuentos de la infancia y de tu juventud, en el club de la Colonia Mariano Moreno.

Seguramente Dios tenía reservado un lugar muy cerca suyo.

Que tu estrella nos acompañe y nos guíe para siempre”.

 

 

FELIPE ANTONIO LARREA

(23 de mayo de 1923 – 11 de marzo de 2016)

Mi abuelo, Felipe Antonio Larrea -Pocho, como todos lo conocíamos- había nacido el 23 de mayo de 1923, en esta ciudad. Era hijo de Antonio Larrea y Asunción Vallejos, y hermano de María Esther (f) y Beatriz del Carmen, mi tía Porota. En 1948 se casó con mi abuela, Margarita Irma Mateo, y tuvieron dos hijos: Juan Manuel y Alicia Margarita, de quienes se sintió profundamente orgulloso hasta el último día de su vida. Su yerno fue mi papá, Carlos Ganderatz, y su nuera, Liliana Rusos. Sus nietos fuimos Virginia, Marina, Juan Manuel (f), Delfina, Victoria, Eugenia, Juan Antonio y quien escribe. Le dimos ocho bisnietos, a quienes amaba profundamente: Rodrigo, Rocco, Valentín, Albertina, Margarita, Trinidad, Pilar y Santiago.

Mi abuelo Pocho siempre se dedicó a las tareas rurales. Durante su infancia vivió en los pagos de Cerro Leones y luego en De la Canal, lugar en el que transcurrió la mayor parte de su vida. Al poco tiempo de nacer yo, se vinieron con mi abuela a vivir a Tandil. Durante toda su vida cosechó infinidad de amigos y conocidos, con los que podía pasar horas conversando en un campo o camino rural, en algún comercio, en la vereda, o en un banco de la Plaza Independencia…

Junto con la abuela me criaron desde muy chiquita. De él heredé el amor incondicional por mi familia y mis convicciones políticas. Fue mi gran maestro, pero sé que en todas las otras infinitas enseñanzas que me dejó con su ejemplo, nunca podré llegar a igualarlo.

Ocupaba un lugar enorme en mi corazón, fue uno de los grandes amores de mi vida. En sus últimos días, tuve la inolvidable oportunidad de repetirle lo mucho que lo quería, y de escuchar sus susurros diciéndome “yo también te quiero mucho” y “gracias” en respuesta. Me agradecía que lo quisiera… Cómo no lo iba a querer si fue el hombre más importante de mi vida, si hizo por mi lo que nadie más. Si siempre me aceptó y amó con todos mis errores y defectos. Y yo lo amaba de la misma manera.

Lo voy a extrañar mucho, como también lo va a extrañar mi mamá, que lo cuidó y lo mimó hasta su último momento.

Seguramente todos los que lo conocieron lo recuerden con nostalgia y cariño, porque mi abuelo Pocho fue, fundamentalmente, un hombre bueno.

Te quiero mucho, Viejito. Gracias por todo. Te llevo en mi corazón, para siempre.

María.

 

 

SANTIAGO ALFREDO ZAPELLI

 

El pasado 3 de febrero falleció el querido Santiago Alfredo Zapelli. Y el adjetivo que precede a su nombre no es un capricho del cronista ni un formalismo de ocasión: Santiago Zapelli, Babú, contó, entre sus muchas virtudes, con la de hacerse querer incondicionalmente.

Había nacido el 13 de agosto del 37. Pasó su infancia y parte de su juventud en el campo. Quizás de esa época le quedó la sencillez, la serenidad y la paciencia del hombre que vive a cielo abierto, en contacto con la naturaleza, que sabe que nada llega sin esfuerzo, que el respeto es la única manera de abrirse camino y que la sonrisa es el mejor rostro para el mal tiempo.

En su juventud conoció a Amanda Campos (Mimo), la compañera de todos sus días. Juntos transitaron los ciclos de la vida. Juntos celebraron la llegada de Martín, su hijo.

A partir de entonces, Babú se instaló definitivamente en la ciudad para que el trabajo no le robara tiempo y presencia con el pequeño Martín.

Fue así que supo tener una sedería y venta de cortinados. Luego se dedicó a otros rubros.

Tenía un don especial con los más chicos. Un don hecho de risas, complicidades, juegos y picardías compartidas. Por eso, la noticia de su partida causó una profunda tristeza en esas personitas que hoy, ya grandes, recordaron con emoción aquellos momentos de alegría con Babú.

En los últimos años había vuelto a instalarse en el campo y se dedicó a la construcción.

Quienes tuvieron la dicha de conocerlo saben de su bondad, de su esfuerzo, de su virtud de buena gente. Para los más cercanos -su esposa, su hijo, su familia, sus afectos entrañables- sus acciones y sus valores constituyen un ejemplo de vida.

Por eso, cuando se va una persona de las características de Santiago Zapelli, su partida no es absoluta; su pulso sigue latiendo en el corazón de sus seres queridos.

Que en paz descanse, Babú.

 

 

NICOLAS NARCISO SILVA

 

Nació un 30 de octubre de 1938 en Esquina (Corrientes), siendo el cuarto de quince hijos del matrimonio conformado por Delio López y Eusebio Silva.

Desde pequeño trabajó en las tareas rurales. Llegando a sus 18 años cumplió con el servicio militar, en Santo Tomé, finalizando éste decide trasladarse a la provincia de Buenos Aires instalándose en la zona de Balcarce desempeñándose en la recolección de papa.

Decidido a afianzarse en esta zona, regresa a Corrientes a realizar su matrimonio con su novia Ramona Antonia Pintos con quien formó una hermosa familia junto a sus tres niñas: María Amelia, María Graciela y María del Carmen.

A partir de allí se dedicó por completo a la actividad rural pasando sus últimos 25 años en la empresa Belaunzarán S.A:; en la zona de De La Canal donde supo ganar la amistad y el respeto de sus vecinos.

Ya retirado del trabajo fue a la ciudad donde vivió junto a la familia de su hija María Amelia disfrutando de la compañía de sus nietos y su bisnieta que alegró sus últimos momentos.

La familia de María Amelia Silva y Carlos Silva agradecen a la firma Belaunzarán S.A.C.I.F. por el acompañamiento y colaboración en el triste momento que debimos atravesar.

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