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Necrológicas

Semblanza de vecinos fallecidos recientemente.

MIGUEL ARCANGEL NOCHETTI
El pasado lunes 14 de marzo falleció Miguel Arcángel Nochetti, conocido como “Lito”, a los 79 años.
“Lito” había nacido en su querida “Numancia”. Allí pasó su niñez. Luego, de muy joven, se trasladó a vivir a Tandil y se dedicó a la mecánica. Como parte de su formación, hizo un curso y fue perito mecánico de la Policía y también se desempeñó como verificador de motores de autos.
Se casó, formó una hermosa familia. Tuvo sus hijos mellizos, Miguel y Ercolina, quienes le dieron dos nietas Clara y Morena. Estaba orgulloso de ellos, que eran buenos y estudiosos.
“Hoy nosotros papá, te recordamos con mucho amor y cariño. Siempre vamos a estar con vos, recordando lo bueno que fuiste con mamá y con nosotros. Nos diste educación y una vida sana.
Tuviste buenos amigos en tu club Los Unidos, era tu hobby favorito jugar al casín. Hoy te recuerdan con todo cariño. No va a haber otro como Lito, tan bonachón.
Papá, tenemos mucho más que contar de vos, pero te extrañamos mucho.
Tuviste una cruel enfermedad que no te merecías. Es lo que te tocó, pero te cuidamos con mamá hasta el último momento. En eso nos queda un consuelo. Chau papá”. María Ercolina y Miguel Antonio Nochetti.

EDUARDO ERNESTO LLANOS
El 12 de marzo se apagó la vida de Eduardo Ernesto Llanos, un suboficial retirado de la Fuerza Aérea que había elegido esta ciudad como su lugar en el mundo.
Eduardo había nacido en Rosario, el 9 de junio de 1935. Arribó a Tandil cuando era muy joven y prestó servicios en la Fuerza Aérea.
En agosto de 1965 se casó con María Esther Da Costa, con quien formó una gran familia y tuvieron seis hijos: Claudia, Eduardo, Graciela, Gabriela, María de los Angeles y Marcelo, y luego doce nietos.
Amante de su profesión, fue paracaidista e instructor. Formó parte del grupo de rescate del Charles Tango 48, una de las mayores tragedias de la Fuerza Aérea Argentina, que ocurrió en noviembre de 1965, cuando el avión desapareció mientras volaba cerca de Costa Rica con 68 personas a bordo. Eduardo colaboró con el Ejército estadounidense en la búsqueda, a través de la selva tropical, y por ello recibió una mención especial del Gobierno norteamericano.
Años más tarde, participó de la Guerra de Malvinas, como paracaidista de rescate.
De espíritu inquieto, luego de retirarse de la Fuerza Aérea, trabajó muchos años como seguridad y en los camiones de la empresa Juncadella.
Eduardo fue una persona alegre, carismática, trabajadora, un fiel amigo, conocido por muchas personas en esta ciudad y hasta último momento les contaba a sus seres queridos las anécdotas de todo lo vivido.
Hoy su esposa, hijos y nietos “sabemos que desde aquel cielo, que tantas veces te abrazó, nos guiarás e iluminarás… y como dicen tus nietos más pequeños: ‘El abuelo está en aquella estrella, la más grande, la que más ilumina’”.

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