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Necrológicas

ERMINDA HAYDEE SANTIAGO DE DI SANTORO
El pasado 16 de septiembre, a los 83 años, se produjo el fallecimiento de Erminda Haydee Santiago de Di Santoro, una querida y respetada vecina de Tandil.
Había nacido en la ciudad de Las Flores, el 6 de noviembre de 1932 y –tras un paso por Colman- se radicó de chica en Tandil.
Se desempeñó en distintas actividades con sus padres, entre ellas el restaurant La Haydecita, que funcionaba en Paz al 600.
Pero en el año 1969 adquirió el local comercial que la hiciera muy conocida en Tandil: el legendario restaurante Imperial, que estaba ubicado en la esquina de San Martín e Yrigoyen.
Lo tuvo a su cargo hasta el año 1989, lapso en el que por ese recordado comedor pasaron grandes personalidades del mundo artístico y deportivo que llegaban a desarrollar sus actividades en el club Santamarina. También era habitué del lugar el expresidente Carlos Menem durante su estadía en Tandil, a disposición del Poder Ejecutivo.
Estaba casada desde 1973 con Renato Antonio Di Santoro, con quien tuvieron a su único hijo, César Andrés Di Santoro.
Además de cumplir con sus compromisos laborales, Erminda Haydee fue una gran esposa y madre, que siempre llenó de amor a su familia. Vivió para su esposo e hijo y siempre eran el motivo de su vida.
De allí que pese a las operaciones de rodillas que diezmaron su movilidad y a un posterior ACV, siempre actuó con optimismo y transmitió su ejemplo de lucha, entereza y entrega.
Sus restos fueron velados en Casa Crespo, Iacaruso y Santillán e inhumados en el cementerio municipal.

LUCILA VAN DEN ABEELE DE AMAND DE MENDIETA
Falleció el 4 de septiembre de 2016.
“Nació en Bélgica hace 95 años en una ciudad llamada Amberes. Creció feliz junto a sus dos hermanas, padres y abuelos. Estudió enfermería y tuvo sus prácticas en el hospital de Louvain, durante la Segunda Guerra Mundial. Agobiados por los conflictos bélicos, un grupo de familias belgas, entre las cuales estaban sus dos hermanas, María Luisa y Andrea, emigraron a la ciudad de Tandil.
Lucila, de espíritu aventurero, viajó al sur de Chile, a otra colectividad belga donde conoció a Juan.
Se casaron y se instalaron en medio de la montaña cerca de Chile Chico. Después de un par de años se mudaron a la ciudad de Tandil, en el barrio Golf. Juan se dedicó a la actividad agropecuaria y Lucila con mucho esmero, a la crianza de los seis hijos.
Lucila fue solidaria dando inyecciones a los vecinos del barrio; fue Rosada Voluntaria en hospital Ramón Santamarina. Siempre estaba dispuesta a ayudar al prójimo.
Nunú, como la llamaban sus 19 nietos, dedicó a ellos el libro donde relata anécdotas de su vida. Con más de 90 años y una precisión rigurosa, cuenta como fue su infancia en Bélgica y su vida junto a Juan.
Gran lectora, muy memoriosa, divertida, coqueta, con una capacidad increíble para adaptase a las diferentes situaciones de la vida.
Mujer excepcional, inteligente, positiva, muy querida. Sabía escuchar y dar consejos discretamente.
Nos transmitió la importancia de la unión de la familia tanto en los buenos como en los malos momentos.
Disfrutaba y honraba la vida.
Muy creyente. Desde un balcón del Paraíso, Lucila, nos extiende su mano para acompañarnos por el camino de la vida
Con mucho amor tus hijos: Jaqueline, Jorge, Miguel, Juan Claudio y Lucila”.

DOLORES EVE DE LOS SANTOS DE OLAECHEA
A los 97 años, el pasado 20 de setiembre partió hacia los cielos Dolores Eve de los Santos de Olaechea.
Había nacido el 24 de enero de 1929 en la vecina localidad de Cacharí, trasladándose desde muy joven a Tandil con sus padres.
Formó su familia con su esposo Quique y sus hijas Clara y Fabiana. quienes alegraron sus días con la llegada de sus nietos Gastón, Pablo Amanda y Solana y -posteriormente- su bisnieta Renata.
“Fue una mujer honesta con principios claros y firmes. Luchó mucho por dar lo mejor de sí. Se preocupó por inculcarles los mejores valores a sus hijas, sabedora de la importancia de la educación en el desarrollo personal .
Querida mamá: te extrañaremos y guardaremos en nuestro corazón tus enseñanzas, tu mirada sabia y tu sentido del humor.
Hasta pronto!”

ESTANISLAO BLAZINA “STANKO”
El 19 de septiembre de 2016, a los 91 años falleció Estanislao (Stanko) Blazina
Había nacido el 26 de septiembre de 1922 en un pueblito al noroeste de Croacia (ExYugoslavia), llamado Hreljin.
Allí pasó sus primeros años de vida junto a su madre Ludmila Benac, ya que su padre Manuel Blazina había emigrado a nuestras tierras a trabajar en las canteras cuando él aún era muy pequeño.
El 2 de abril de 1928 llegó a la Argentina a bordo del vapor Martha Washington con su madre. Al llegar al puerto de Buenos Aires prácticamente conoció a su padre Manuel, que estaba allí esperándolos, junto a una multitud.
Se instalaron en Cerro Leones, donde nació su único hermano Emilio, y al poco tiempo se trasladaron a la zona de Azucena. Allí concurrió a la escuela hasta completar tercer grado, como se acostumbraba en aquellas épocas.
Su adolescencia transcurrió trabajando en las canteras con su padre, ayudando en la casa y cuidando animales en las sierras.
A los 20 años se trasladó a Tandil a estudiar dibujo técnico y con él la familia.
Comenzó a trabajar en la fábrica BIMA. Allí aprendió el oficio de modelista mecánico, lo que de allí en adelante sería su vocación y oficio de toda la vida.
El 5 de marzo de 1949 se casó con América Pilar Isern, con la que tuvo tres hijos varones: Andrés Manuel, Alfredo Ramón y Néstor Emilio.
Siendo muy joven fundó la metalúrgica Blaybar S.A., de la que fue gerente hasta el año 1965, cuando retornó a su oficio de origen e instaló su taller de modelos en la calle Ugarte, oficio que desempeñó hasta su retiro laboral junto a su hijo Alfredo, quien continua trabajando en ese mismo taller.
De sus tres hijos y sus esposas, tuvo nueve nietos: Diego, Santiago, Andrea, Andrés, Mauricio, Cristian, Néstor, Ana y Federico, y también tres bisnietos: Renata, Camilo y Ciro.
Su vida transcurrió alternando familia, trabajo y la pesca con sus amigos, su gran pasión. Detrás de esa pasión, recorrió y caminó incansablemente arroyos, lagunas, la costa del mar y cosechó amigos para siempre, así como miles de anécdotas y aventuras que resonaron entre amigos y familia.
Este 19 de septiembre de 2016, falleció, a los 94 años, y dejó lo más preciado que puede dejar un hombre, esto es una idea de como -con honestidad, perseverancia, coraje y trabajo- se puede, con muy poco, trascender y ser ejemplo para los demás.
Un ejemplo de voluntad y de una admirable actitud ante la vida y ante las circunstancias difíciles que se presentan.

ANTONIO BELINDO LESCANO
El pasado 2 de septiembre se produjo el deceso de Antonio Belindo Lescano, un hombre nacido en la localidad santiagueña de Frías el 18 de septiembre de 1943.
Llegó de Santiago del Estero a Villa Cacique en el año 1960 y luego pasó por Tandil por razones de trabajo. Estuvo en Esmeta, La Cuca, Metalúrgica Tandil y Buxton.
Formó una hermosa familia con su compañera de toda la vida, Esclarisa Cortez, con quien tuvo ocho hijos: Susana, Claudia, Marcelo, Karina, Mónica, Mariela,Lorena y Natalia.
Disfrutó también de sus nietos y bisnietos y compartió también sus alegrías con sus yernos.
Fue un excelente padre, un ser muy querido por sus vecinos y amistades .

Dedicatorias

“Nos es muy difícil seguir adelante sin estar con nosotros los domingos en esos asados que nos hacías y comíamos con vos, Papá.
Nos preguntamos por qué te nos fuiste así, de golpe; por qué tuviste que dejarnos tan pronto… Pero Dios lo quiso así.
Te amamos Papá. Tu esposa y tus hijos”.

“Hoy 2 de septiembre, el día más triste de mi vida. Te me fuiste Viejo, me dejaste…
Me hago miles de preguntas pero no encuentro respuestas: solo dolor y lágrimas.
Hemos compartido muchas cosas y hoy solo me quedan tus recuerdos.
¿Sabes Viejo? No hay palabras ni consuelo que calmen este dolor. Te llevaste mis lágrimas y parte de mi vida.
¿Cómo hago Viejo para no pensarte? ¿Cómo hago para seguir adelante? Pero sé que estás con Dios y desde alguna estrella estarás guiando nuestros pasos.
Viejo, Viejito, Papá: me enorgullece ser tu hijo y orgulloso de que seas mi padre.
En nombre de mi madre, mis hermanas y toda tu familia, descansa tranquilo Viejo. Eternamente agradecido de lo que me diste y feliz de que seas mi padre.
Te amo, Viejo, Padre, Papá…
Tu hijo Marcelo.”

LUIS ALBERTO CABALLERO
Tras una larga dolencia, el 18 de septiembre falleció el vecino Luis Alberto Caballero, dejando un profundo dolor entre sus seres queridos.
Era oriundo de Rauch y se instaló en Tandil para hacer el servicio militar en la Fuerza Aérea.
Se dedicó al trabajo rural y formó una familia en cuyo seno nacieron sus hijos Luis, Mónica, Oscar y Soledad; sus nietos Miguel Antonio, Julieta, Facundo, Georgia, Nahir, Rocío, Karen, Alejandra, Juliana y Alma.
Hijo de Josefa Martín de Caballero (f) y Juan Eusebio Caballero (f), sus hermanos fueron Mabel, Francisco (f), Saúl Carlos (f), Marta Eva, Mirta, Eva y Nancy.
Más tarde contrajo matrimonio con Cristina Marchetti, siendo un amoroso y compañero esposo, con sus hijos del afecto Carlos, Patricia, Nicolás, Alejandra, Hugo y Marcelo.

“Viejito hermoso: te fuiste a descansar, pero cómo la luchaste. Tu apellido hace honor a lo que fuiste: un caballero hasta el final.
Qué te podíamos pedir si tu cuerpo ya estaba cansado: saliste de tantas con la fuerza que le pusiste. Eso lo voy a guardar en mi corazón por siempre: te convertiste en mi héroe, te admiraré siempre por eso. Tu cuerpo estaba tan cansado y vos siempre con una sonrisa, un chiste, un estoy bien…
Con qué dignidad luchaste, Viejo… Sin dudas el más valiente de todos.
Te extraño y te extrañaré por siempre, pero a los ángeles como vos hay que recordarlos con una sonrisa, mirando al Cielo, porque es ahí donde estás ahora”.

SILVIA ALEJANDRA ORDOÑEZ
El pasado 13 de septiembre, en las trágicas circunstancias oportunamente informadas, se produjo el deceso de Silvia Alejandra Ordóñez, cuando contaba con 54 años de edad.
Silvia había nacido en Ranelagh, el 13 de julio de 1962 y era hija de Omar Ordóñez (f) y María Esther Rivas, en tanto que sus hermanos eran Estela, Rosana, Marina y Gonzalo.
Llegada de chica a la ciudad de Tandil junto a su familia, cursó sus estudios en la Escuela Normal y posteriormente canalizó la gran vocación heredada de su padre en la Escuela Superior de Teatro de la Universidad Nacional del Centro.
Vivió muchos años en Villa La Angostura, donde se desempeñó en el ámbito cultural y compartió obras con su hijo Facundo.
Silvia también residió en España junto a su pareja, aunque hace cerca de dos años que estaba radicada en Tandil, donde seguía siempre vinculada a la actividad teatral, además de haber montado un céntrico taller de fotografía antigua.
Tenía también un estrecho lazo con sus sobrinos María José, Juan Pedro, Clara y Juan Ignacio, así como con sus sobrinos nietos Simón y Ferrán y su sobrino político Juan Pablo.
Hoy la familia la despide con un poema cuya autoría le corresponde a Silvia:

“Si pudiera volver a mi pasado,
le pondría palabras al silencio,
bailaría hasta el fin, hasta lo eterno,
buscaría el dolor en el lugar más secreto.

Si pudiera volver a mi pasado,
buscaría la gracia de conjugar lo bello,
sería mi sonrisa la mejor carcajada,
sería mi dolor una etapa del tiempo.

Si pudiera volver…
serían tan pequeñas las distancias,
tan sublimes las noches, tan cortos los silencios.

Si pudiera volver a mi pasado,
reemplazaría el lugar y los dolores,
en mis manos, las llagas,
en mi alma, las flores”.

Silvia Ordóñez

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