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¿Qué nos pasa, Tandil?

Señor Director:

Que Tandil es una ciudad atractiva, no se discute. Que la ciudad ha crecido demográficamente, tampoco. Que ya es un lugar turístico por excelencia y no solo en Semana Santa, también es indiscutible. Ahora, lo que me parece que debería ser análisis de debate es por qué es tan caro vivir en Tandil.
En estos días me he puesto a analizar posibles razones que hace un largo tiempo me convencía de que eran correctas como ser “es cara, pero no hay tantos delitos, es una ciudad segura”, situación que no estaría sucediendo en la actualidad. Hace menos de un mes en un edificio céntrico nos robaron dos motos y una bicicleta y con la prueba de las cámaras de un edificio vecino y todo no hubo posibilidad de recuperar los vehículos. No se pudo hacer nada, los damnificados siguieron todos los pasos judiciales y sin embargo, nada. A pesar de pagar fortunas de alquiler y expensas tan elevadas que la verdad uno se asoma por la ventana y siente una sensación rara de no ver el riachuelo, ya que al ver las cifras parece Puerto Madero.
Luego pienso que quizás pago mil pesos de Tasa Retributiva de Servicios y Sanitaria o no sé cómo se llama (para mí son las boletas azul y la naranja) pero mi zona está impecable y ante cualquier inconveniente llegan del Municipio y lo resuelven. Bueno, no es así. Por mi casa, zona residencial -para la Municipalidad- nunca pasan los barrenderos y mientras hubo una obra en la calle Brandsen, que duró dos meses, pasaron los recolectores el 20 por ciento de los días. Cuando reclamé por un caño de agua no tuve ninguna respuesta y lo único que adujeron fue que si el problema se produce de la tapita de OSN hacia mi casa, la responsabilidad y el costo de la reparación es a mi cargo. Yo les expliqué que no acostumbro bailar un malambo nocturno en la vereda y que la rotura es por hundimiento de la calle, de lo cual yo no soy responsable. La respuesta que obtuve fue que era muy costoso reparar toda la zona y que no podían hacer nada.
Entonces pensé, bueno, debe haber control sanitario y hay perros sueltos para el cuidado de la población. Pero me volví a equivocar: es imposible salir a caminar con mis pequeñas perras que así y todo salen con correa porque vamos juntando perros detrás, tal procesión canina. Siempre termino el paseo con ambas en brazos y esquivando los recuerdos fecales. En la pared de mi casa, a la que limpio y mantengo, hay un muestrario de heces de todo color y tamaño de cuya desinfección me encargo el sábado, que es el único día que puedo limpiar.
En otro momento reflexivo digo que, bueno, pagando estacionamiento en el microcentro no tenés tanto riesgo de rotura de paragolpes porque hay más lugar y menos vehículos. Y mi pensamiento fue erróneo nuevamente. Para alegría de los que tenemos autos pequeños aparecieron esas camionetas tan altas que los que viajan comen chicle para no apunarse, y tan largas que no entran en ningún espacio normal, sumado a la línea amarilla por movimientos de caudales, ascenso y descenso de pasajeros, parada de colectivos, rampas, espacio para motos y algún que otro vecino que pinta el cordón porque sí, hacen que sea imposible estacionar sin que se modifique la fisonomía del automotor, a lo que da lo mismo caminar que usar el auto, y el problema no es el ejercicio sino la falta de tiempo. A más costosa la ciudad, más horas debo trabajar para vivir, lo que hace que mi tiempo de “gimnasia” se acorte.
Quizás una linda forma de premiarnos a los que tenemos nuestras casas pintadas prolijamente, las veredas en orden, todos los servicios al día, las tasas pagas religiosamente sería algún descuento por ser buen contribuyente, cosa que jamás sucede.
De todas formas la esperanza es lo único que se pierde, dice el dicho popular, y yo seguiré esperando que alguno de nuestros representantes, que asumieron gracias a nuestro voto, me explique por qué Tandil es una ciudad tan cara, cuya economía viene decayendo, por si no vieron la cantidad de negocios que cierra mensualmente, lo que significa desempleo e interrupción de la cadena económica.
Ojalá volvamos a ser una ciudad en crecimiento constante y no lo que creo somos ahora: una ciudad que supo ser atractiva, segura y cómoda, pero con esas cualidades que quedaron solo en el recuerdo.

Claudia Sivo

DNI 20.673.091

Desilusión con la muestra
de arte sacro


Señor Director:

Días pasados visité la muestra de arte sacro en el Museo de Bellas Artes y me llevé una gran desilusión. Algunas obras expuestas son una falta de respeto al arte y a lo sacro. El primer premio, le fue otorgado a un “adefesio”, dos latas viejas oxidadas y abolladas, papel y un trozo de cartón desnudo que oficia de fondo.
¿Hay que agregar que la “obra” es adquirida por el Municipio, lo que dice claramente que lo pagamos nosotros?
A la entrada del salón principal se lee un gran cartel con un montón de palabras que en mi opinión tratan de disimular la carencia total de lo que se supone debe tener un salón nacional de arte sacro, (aclaremos que no es un encuentro literario). Tristemente invito a la comunidad en general a conocer lo que hemos comprado los contribuyentes de Tandil.

Mario Alberto Juárez.
DNI 5.374.613

Estafa a las ganancias

Señor Director

Tal vez el título de esta nota incomode a unos cuantos actores de nuestra economía, y seguramente hay -y habrán- sinnúmero de explicaciones técnicas que el común de la gente, donde me incluyo, comprende poco y se confunde más. Basta mirar programas televisivos donde las opiniones de los supuestos entendidos en la materia van desde el negro muerte al blanco celestial, según y conforme al color político que detentan. Lo que para unos hace cinco años era negro hoy es blanco y viceversa para los otros.
Lo cierto es que los que vivimos de 1 ó 2 sueldos debemos ceñirnos a esos ingresos, lo cual es extremadamente sencillo, puesto que ingresos menos gastos es igual a resultado. Y allí reside el éxito de la economía hogareña. Por eso desde hace muchos años lo importante para mí son los resultados.
¿Por qué el título de la presente? Supongamos una empresa que fabrica alimentos para vacas de tambo. Para tal fin necesita maíz, afrechillo, varios químicos, publicidad, etc., que son transportados por camiones desde las fábricas que producen todos los insumos para llegar al producto final: alimento para vacas. Una vez terminado lo vende a los tamberos y lo envía por camión. El tambero produce leche y la envía por camión a una empresa que la procesa obteniendo, además, todos sus derivados que los vende y distribuye, por camión, a supermercados, intermediarios, almacenes de barrio, etc.
A su vez todas las empresas que proveen de insumos a la fábrica de alimentos para vacas necesitan bienes y servicios que los compran a otras empresas y así sucesivamente hacia atrás. Por otro lado hay empresas que compran leche para heladerías, bares y restaurantes, etc.
Sumados todos los eslabones de esta cadena de empresas tenemos una enorme cantidad de empresas, compañías de servicios, etc., que tienen algo en común: todas pagan el impuesto a las ganancias. Por supuesto que todos y cada uno de ellos incluyen el costo del impuesto a ganancias a los productos que venden, sin olvidar también de agregar el IVA, ingresos brutos, etc., todo lo cual hace que el costo de un producto se multiplique exponencialmente, al que colaboran también intermediarios y comerciantes pícaros.
Y por fin llegamos nosotros: consumidores finales (que lo somos todos) que al comprar cada producto pagamos todos los impuestos citados (maximizados). La gran diferencia es que nosotros no podemos recuperar nada porque consumimos, no lo vendemos.
Para resumir, en definitiva los impuestos los pagamos nosotros, con el agregado de que los que tienen la suerte de ganar sueldos que exceden el mínimo no imponible, tiene el castigo de pagar estafa a las ganancias. Y en sumas que no sé si superan a los pagados por la cadena de actores que intervinieron. Como dice un conocido periodista de TV… “nos toman por tontos”.

José Barillaro
DNI 5.388.741

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