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Con el Salón Blanco lleno, los primos que recorrieron África en bicicleta compartieron su experiencia

Con el Salón Blanco colmado de público, ayer por la tarde, Iñaki Rossi y Manuel Fernández Rosso, los primos que recorrieron África y parte de Europa en bicicleta, contaron su inolvidable experiencia.

Los jóvenes, de 28 y 30 años respectivamente, llegaron a Tandil el sábado pasado, tras 17 meses de vivir esa aventura que nunca olvidarán y que los convirtió en los argentinos más jóvenes en hacer la costa oeste de Africa de a dos en bicicleta, como así también en los primeros tandilenses en cruzar ese continente.

Durante la travesía, que comenzó en Bélgica, recorrieron 24 países y terminaron su itinerario el 10 de julio en Cabo de las Agujas, en Sudáfrica.

 

La charla

Ayer alrededor de las 19 los primos arribaron al Municipio y fueron recibidos por el intendente Miguel Lunghi, que tuvo una charla con ellos en su despacho.

A continuación, se dirigieron al Salón Blanco, donde se quedaron sorprendidos por la gran cantidad de personas que los esperaba en el lugar, que quedó chico, lo que obligó a que muchos se sentaran en el piso, con el fin de escuchar el relato de los jóvenes aventureros.

“Siempre quisimos hacer un viaje. Llegó un momento en el que Iñaki terminó de estudiar, yo estaba trabajando en Estados Unidos. Me llamó y me propuso hacer el viaje, y no tardé en decir que sí. El vino a Estados Unidos y nos fuimos a Bélgica, donde nacieron nuestras abuelas, por eso partimos de ahí. Nuestra idea al principio era mochila, guitarra, y después cambió por la bicicleta”, contó Manuel Fernández Rosso.

Explicaron que el primer objetivo que se propusieron tras adquirir las bicicletas que los acompañarían durante esos 17 meses, era llegar a Francia porque querían dirigirse al calor, ya que donde se encontraban hacía mucho frío. De hecho, salieron con nieve.

Les llevó un mes llegar al mediterráneo francés, desde donde fueron hacia España. Allí se toparon con uno de los “momentos más difíciles”: decirles a sus madres que querían ir a África. Por supuesto, ellas se alarmaron y les advirtieron de miles de cosas que podrían sucederles si decidían cruzar a ese continente. Pero eso no los frenó. Tomaron un barco que los llevó hasta Marruecos, y allí estaban, en África.

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Miles de anécdotas

Primero, se debieron vacunar contra múltiples enfermedades y su primera experiencia fue el Ramadán, mes del calendario musulmán en el cual practican ayuno de agua y comida desde el alba hasta que se pone el sol.

Continuaron su viaje por el desierto de Sahara, donde había muy pocos poblados y durante muchos kilómetros lo único que veían eran camellos. Paraban a dormir en las estaciones de servicio.

Por día, hacían entre 70 y 100 kilómetros aproximadamente y generalmente pernoctaban en algún pueblo en carpa, tras pedir autorización al jefe del poblado. De vez en cuando se daban el “gusto” de dormir en un hostel u hotel.

En una oportunidad se encontraron en un pueblo en el cual no les permitían dormir en la misma habitación en un hostel, pues lo tomaban como un signo de homosexualidad, que está prohibida en esa región.

Algo que los impresionó fue la poligamia. Conocieron hombres que llegaban a tener 30 esposas y 110 hijos. También les llamó la atención la cantidad de nenes pequeños que estaban todo el día en las calles y les explicaron que solo van a la escuela los mayores, no los niños.

Estuvieron en muchos poblados que no disponían de electricidad, ni de servicios básicos, a punto tal de llegar a un lugar donde no existía el papel higiénico.

Un momento complicado que pasaron fue cuando Iñaki contrajo malaria, que debió estar internado unos días hasta que se recuperó.

 

Un desafío

En diálogo con El Eco de Tandil, Iñaki Rossi expresó su “felicidad” y valoró que “la gente nos esté esperando y que tenga ganas de saber acerca del viaje, las anécdotas. Estamos muy contentos”.

“Fue una experiencia mucho mejor de lo que esperábamos. Nosotros no sabíamos nada de Africa y nos encontramos con un continente súper amigable, hospitalario, súper abierto, con dificultades que las fuimos superando, pero la gente nos ayudó mucho así que nos sentimos muy agradecidos”, manifestó.

Explicó que optaron por hacer la travesía en bicicleta porque “no permite ir demasiado rápido, ni hacer demasiados kilómetros, así que es una valoración hacia lo lento, hacia ver las cosas con tus propios sentidos, tus propios ojos, para ir despacio y no necesitar más nada que ganas, energía y buena alimentación”.

A lo que Manuel Fernández Rosso agregó que “era un desafío ir en bicicleta. No podés ir rápido, vas conociendo gente, estás expuesto, era una manera linda de viajar”.  

Rossi afirmó que “vivimos tantas cosas y tan intensamente que es muy difícil decir una puntual que nos haya impactado”, pero aseguró que en muchos casos se toparon con condiciones de miseria, de gran pobreza.

Manuel Fernández Rosso sostuvo que en su caso, lo impactó “el contrate entre lugares donde se vive muy bien y otros donde se vive muy mal, es impresionante el contraste entre países”.

Y aseguró que lo que más extrañaban eran “las cosas básicas, tener un baño, una cocina, la comida variada, poder dormir bien”.

Finalmente, Iñaki Rossi confió que añoraba “las cosas simples, tener un colchón, un lugar cálido porque en bicicleta estás muy vulnerable. Uno vuelve cambiado, con otra cabeza, con otra perspectiva, entendiendo muchas cosas también”.

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