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“La patria nos reclama grandeza, respeto al otro y tolerancia en la diversidad”

La celebración del 25 de Mayo se dio en el Teatro Municipal del Fuerte, donde en el foyer la gente del Banco de Alimentos recibía las donaciones del público que colmó la sala, un nutrido grupo quedó afuera porque la capacidad quedó colmada.

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La noche comenzó con la entonación del Himno Nacional Argentino interpretado por la estupenda voz de Belén Majorel, acompañada por la Banda Municipal dirigida por el maestro Nicolás Tigri. Fue visible la emoción de la cantante al recibir el cerrado aplauso del público en una noche que contó con la presencia de artistas locales, música folclórica y ciudadana, el infaltable bandoneón mayor de la ciudad para acompañar la voz de Aldo Rubén. La danza nacional estuvo presente con Quebracho Ballet, dirigido por el profesor Javier Casal, cerrando la velada con Grupo Sanguíneo, finalista del más reciente Festival de la Sierra. El aplauso del público no se hizo esperar en ninguna de las presentaciones; sin embargo, la estrella de la noche fue la Banda de Música con repertorio nuevo, invitados especiales y una enorme calidad en las interpretaciones. La conducción del evento corrió por cuenta de Mariela Alcobruni acompañada de Alberto Maschio.

Estuvieron presentes en la platea el intendente Miguel Lunghi; el secretario de Desarrollo Local, Jaime Feeney; el coronel Juan José Dillon segundo jefe de la Primera Brigada Blindada y el comodoro Torres, jefe de la VI Brigada Aérea, entre otros que dijeron presente en el Día de la Patria.

Un dato muy importante es resaltar que el Banco de Alimentos recibió 250 kilos de mercadería y 20 litros de leche.

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Las palabras del Intendente

“Vamos a tratar de igualar a la banda”, comenzó diciendo el mandatario a modo de preámbulo de las palabras protocolares: “Si hay una palabra que no podemos perder es patria. Si hay una palabra de apenas seis letras que contiene toda nuestra historia es patria. En su nombres, en el profundo significado de su nombre habita una idea poderosa que se gritó en el Cabildo el 25 de Mayo: La patria es el hogar de todos. Sin patria somos hombres y mujeres huérfanos en la historia. No tendríamos bandera ni el lugar en el mundo que elegimos para vivir, ni una tradición hecha del árbol fundante donde comenzó todo. No ha sido fácil tener una patria, la sangre de los héroes de las guerras de la Independencia hasta la sangre de nuestros héroes de Malvinas que bañaron el río de la gloriosa memoria nacional. Tener una patria también nos reclama grandeza en palabras casi tan importantes como la patria misma, que son tolerancia, respeto al otro, búsqueda de la verdad en la diversidad, diálogo desde el principio hasta el fin en un conflicto. Tener una patria es tener mártires de apellidos poderosos y de anónimos luchadores.

Es tener el espejo del ejemplo que no debe reducirse a una fecha anual del calendario o a una efeméride. La patria se hace día a día y cada lugar en esta gran tierra argentina. Es evocar a Manuel Belgrano que muere en la pobreza mencionado a ella en su último suspiro. Es trabajar por sus ideas, lejos de la ostentación, de la banalidad, frivolidad, del culto del personalismo y de las demás miserias políticas de cada época. Es construir civilidad.

Nuestra patria chica dio ese ejemplo a partir de las más diversas corrientes inmigratorias que llegaron a la ciudad, las que formaron nuestros padres, abuelos que cruzaron el mar para tallar la forma de nuestra ciudad. Construyeron escuelas, calles, edificios, barrios y fábricas, cultivaron oficios y saberes, hicieron el Tandil del siglo XX con tolerancia, con sus costumbres, rituales y tradiciones de sus países de origen, no diferenciándose del otro, sino para unirse con el otro. La patria nos reclama ese espíritu emprendedor que empieza de lo diverso, esa actitud pionera, ese trabajar de sol a sol para construir una nación con mayor equidad, igualdad de oportunidades para todos, prevaleciendo la cultura del trabajo con que las naciones construyen su destino. La Revolución de Mayo no les salió gratis a sus hacedores, casi todos sus protagonistas murieron en la pobreza o en el exilio. Andaban a tientas entre las brumas de la historia sabiendo que estaban haciendo una revolución para sus contemporáneos; es cierto, pero sobre todo para el futuro de las generaciones venideras. Seamos capaces entonces de admirar esos ejemplos de patriotas y luchadores. Seamos capaces de seguir creyendo como tituló el escritor Andrés Rivera: ´la revolución es un sueño eterno´. Seamos capaces de seguir soñándola y haciéndola. Cada uno en la medida de sus posibilidades y responsabilidades, día a día y minuto a minuto. La patria siempre nos está esperando porque invocar su nombre es invocar siempre de una nueva oportunidad donde no hay lugar para el derrotismo, el pesimismo y la resignación”.

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