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Necrológicas

RUBEN OSVALDO BAZTERRICA

A los 74 años, el 10 de mayo pasado se produjo el deceso de Rubén Osvaldo Bazterriza, quien hacía nacido en Tandil el 16 de diciembre de 1942.

Se crió en Fulton, más precisamente en la estancia La Azotea, junto a su familia, compuesta por sus padres y hermanos.

Era el menor de los diez hermanos y era soltero. Vivió varias etapas de su vida rodeado de sobrinos, sobrinos nietos y amigos.

Cuando dejó el campo por radicarse en Tandil, trabajó muchos años como camionero y luego fue despostador en la empresa Mirasur. También supo desempeñarse como tractorista en campos vecinos.

Luego de muchos años en la zona rural alcanzó la jubilación y eran frecuentes sus grandes asados, hechos con mucho cariño para sus familiares y amigos.

“Lo recordaremos con mucho cariño sus sobrinos, sobrinos nietos, amigos, vecinos y su hermana Noemí Bazterrica y cuñadas. Descansa en paz con tus seres queridos.

Te quiero mucho, tío. Nunca te olvidaré. Tu sobrina Patricia”.

 

CESAR FEDERICO JOSE DE GALVAGNI

El 20 de mayo pasado falleció un querido y respetado vecino, César Federico José de Galvagni.

Sus hijos lo recuerdan de la siguiente manera:

 

“Fue evidente que nuestro padre dejó de ‘vivir’ el 25 de enero de 2010 al perder inesperadamente al amor de su vida y compañera por más de 60 años.

A partir de allí, comenzó  a ‘sobrevivir’, llevando ese dolor y esa sensación de soledad que manifestaba a quien quisiese escucharlo, como una pesada carga que lo fue minando muy lentamente.

Inquieto, deseoso de pasear, conocer, descansar y compartir con su Mimí cada instante de su vida; lo hizo, a partir de aquel día, sentirse solo en el mundo; estuviese quien fuera a su lado… no lo pudo superar ni sobrellevar, su vida se transformó en calvario y frustraciones, cada paso o retroceso le era complejo e inaceptable.

Le pesaba su edad, esa soledad que sentía lo atormentaba y sobrevivió aferrado a sus gustos menores… a una edad en la que muchos amigos ya se fueron o se le iban yendo, con la constante idea de ayudar a quien lo necesitase, con la permanente preocupación de cumplir con sus compromisos, con los sólidos principios de una férrea honestidad y una ética que lo marcó y lo transformó en rígido y exigente hasta consigo mismo.

Un ejemplo de alguien a quien la llamada «cuarta edad» le pesaba mucho, asumir sus años y las limitaciones le era casi inaceptable y lo obligaba a preguntarse ¿por qué ya no puedo hacer esto o aquello? Era un esfuerzo constante el buscar en forma tenaz, el poder lograrlo.

Un enorme trabajador, un hombre inteligente para sus actividades y para generar ideas interesantes, sobre todo en su Tres Arroyos, que lo vio en sus mejores años.

Supo darnos todo y supo transmitir sus sentimientos por medio de quien él amaba.

Quedarán vivas muchas de sus anécdotas, pero ahora sí su alma descansará tranquila, con esa paz que no tenía y junto a su amor que no pudo dejar ir ni dejar de extrañar.

Te quisimos y querremos mucho papá, aunque cada uno lo haya expresado en formas muy distintas, a su manera y con las limitaciones obvias de  seres humanos imperfectos.

Nos queda la tranquilidad que ahora sí tendrás la paz que desde ese 25 de enero de 2010 no pudiste encontrar y que constantemente rogabas diciendo ‘esto no es vida’.

Tu paz es nuestra paz, al saberte otra vez de la mano de nuestra inolvidable mamá.

Nos volveremos a ver papá… ¡Sabemos y respetamos que tu cuerpo ya no quería vivir más!

Tus hijos”.

 

EGAR LIONEL RODICIO

A los 80 años de edad, el 9 de mayo falleció Egar Lionel Rodicio.

Había nacido en Tandil el 21 de septiembre de 1936 y era un hombre de trabajo. Desde chico se desempeñó laboralmente en una panadería y como cadete de una farmacia.

Luego trabajó en la portería del Hospital Municipal Ramón Santamarina por cerca de una década y media, para finalmente dedicarse con pasión a la conducción del taxi desde el cual hizo múltiples amistades.

Casado durante 52 años con Josefa Scalí, tuvo tres hijos: Egar Gustavo, María Andrea y Diego Fabián.

 

Recordatoria

 

“Tus hijos, esposa, nietos, bisnietos y amigos quieren decirte que en paz descanses y qué bonito sería traer de regreso a alguien del cielo.

¿Te imaginás pasar un día con vos? Solamente un día, una última vez… darte un último abrazo, un último beso… Escuchar tu voz nuevamente y tener otra oportunidad de decirte te quiero, te extraño…

Buen viaje Rolo, siempre vivirás en nuestros corazones”.

 

MARTA NOEMI MAÑAS DE PRECIADO

 

“Tus manos eran manos de dar y ayudar. Nos dejaste un legado enorme.

Prefiero recordarte con esa voz fuerte que reflejaba tu carácter

Y parafraseando Cantares: las muchas aguas no pudieron apagar el amor.

Te reuniste con tu amado. Ahora están juntos.

Volaste libre, alto, a la presencia del Señor, hacia las moradas eternas.

Descanse señora, se lo merece”.

 

NELIDA D. CUVILLIER VDA. DE RETES (POROTA)

El 13 de mayo pasado, a la edad de 89 años, se produjo el deceso de Nélida Domingo Cuviller viuda de Retes, conocida familiarmente como “Porota”.

Había nacido el 24 de septiembre de 1927 en Villa Italia, donde transcurrieron su infancia y su adolescencia.

“Porota” contrajo enlace con Ernesto Mauricio Retes, con quien compartió su vida hasta enviudar, cuando faltaban dos meses para cumplir 50 años de matrimonio. Acompañó a su esposo policía en sus destinos por la zona, por lo que la familia supo residir en Azucena y Vela, antes de retornar definitivamente a la ciudad de Tandil.

Nélida era una mujer de trabajo que no solo crió a sus tres hijos sino que se desempeñó en casas de familia, en las que se ganó el respeto y el afecto.

Porota y Ernesto tuvieron tres hijos: Mabel, Marta y Rubén. Luego llegaron los nietos: Karina y Griselda Agüera, Claudio y Marcelo Cacciato, y Leandro y Lucía Retes.

“Porota” disfrutó además del cariño de más de una decena de bisnietos.

 

Dedicatoria

 

“Mamá:

Te extrañamos, pero cómo olvidar que fuiste buena esposa, una madre luchadora y una abuela ejemplar.

Con una niñez muy difícil, con amor y perseverancia saliste adelante, ayudando al hombre que siempre estuvo a tu lado, papá Ernesto, y cuidando a tus hijos.

Tomaste a tu jardín como un edén. Nos transmitiste tu solidaridad, tu amor por las plantas y los buenos valores de la vida.

Hoy vemos tu casa y tu jardín, pero faltás vos. Las flores también te extrañan, siguen florecidas desde que te fuiste, llenas de rocío, como si fueran lágrimas.

Te fuiste a la vida eterna. Nos dejaste un vacío muy grande en nuestros corazones, como así también a los que estuvieron a tu lado en los últimos momentos, como la doctora Irene, Marcela, Mirta, Walter y Alexis.

Mamá, abuela y bisabuela: no te decimos adiós. Te decimos un hasta luego. Tu familia.

Siempre estarás presente en nuestras reuniones”.

 

ELISA ANA AREA VDA. DE CABEZUDO

A la edad de 84 años, el 15 de mayo se produjo el deceso de Elisa Ana Area viuda de José Cabezudo.

Era una conocida y respetada odontóloga que había nacido en Córdoba, el 13 de abril de 1933.

Llegó a Tandil hace más de cinco décadas, acompañando a su esposo, que ingresaba a desempeñarse profesionalmente en Metalúrgica Tandil.

Elisa Ana Area cumplió su rol en el Hospital Municipal Ramón Santamarina, donde es recordada por su compromiso con el servicio, llegando a ser jefa del área durante un cuarto de siglo.

 

Dedicatoria

 

“Elisa fue una mujer multifacética. Describirla nos llevaría todas las hojas del diario.

Espíritu inquieto y enérgico…

Recodamos su mejor versión atendiendo su consultorio.

Nuestro gran agradecimiento y reconocimiento desde los corazones.

Silvia, Mauricia, Liliana, Andrés, Martita, Gresi, María, José, Andresito, Tere, Fede, Octa, Augus, Juli, Martín y Guido.

´Chau la abuela movete´, ´Capa la abu´.

Siempre estará con nosotros a través de sus valores y enseñanzas”.

 

JORGE FLOREAL PUGGIONI

El 15 de mayo, a los 61 años, dejó de existir Jorge Floreal Puggioni.

Había nacido en Tandil el 24 de noviembre de 1955 y actualmente estaba jubilado.

Durante su vida laboral se desempeñó en distintos rubros, tales como canteras, en la construcción, remisero y comerciante, entre otras.

Casado con Elsa de Puggioni, tuvo ocho hijos: Martín, Andrea, Yésica, Mauricio, Marcelo, Cintia, Leonardo y Pablo, quienes le dieron 12 nietos.

 

Dedicatoria

 

“Querido y amado Jorge:

Hoy evocamos tu recuerdo, arquetipo de trabajador, hombre de ir al frente sin titubear.

La vida te mezquinó mucho y aun así siempre la luchaste.

Nos dejaste incontables momentos vividos, enseñanzas compartidas entre risas y algún enojo.

Nos queda el recuerdo de tu reír y esa voz grave, siempre con la palabra justa para cada momento.

Tu esposa, hijos, nietos, yerno y nueras te llevaremos siempre en nuestros corazones”.

 

MARTA DEL ROSARIO BURGOS VDA. DE DIAZ

Con dolor fue recibida entre sus familiares y vecinos de Villa Aguirre la noticia del deceso de Marta del Rosario Burgos viuda de Díaz, ocurrido el 9 de mayo pasado.

Había nacido en Neuquén, el 29 de febrero de 1948 y tras conocer a quien sería su esposo llegó a Tandil.

Junto a Sergio Díaz tuvieron ocho hijos. La vida le dio un duro golpe hace 23 años, cuando su esposo falleció ahogado durante el rescate de una nena.

Marta del Rosario Burgos fue una fiel y solidaria cristiana, que con esfuerzo llevó adelante la crianza de sus hijos y pudo conocer el afecto de numerosos nietos y bisnietos.

 

Dedicatoria

 

“Mamá:

Gracias por habernos dado todo el amor que tenías para nosotros.

Gracias por transmitirnos esos valores que hoy rigen nuestras vidas.

Fuiste una luchadora de la vida, cuidándonos sola. Como pudiste, nos sacaste adelante. Tuviste fuerza y valor para atravesar los momentos duros de la vida, como fue la partida de Papá cuando eras tan joven.

También sufriste el dolor de acompañar a nuestras dos hermanas hasta último momento en esa dura enfermedad, la misma que te llevó.

Mamita querida: hoy te toca descansar de toda tu labor. Estaremos agradecidos eternamente.

Tus hijos”.

 

SIVINA ALEJANDRA LUCERO

Falleció en nuestra ciudad el 14 del corriente mes, a la temprana edad de 43 años, tras soportar los procesos de una corta y cruel enfermedad.

Nació en Villa Italia, el 21 de mayo de 1973 en el hogar de Ramón B. Lucero y de Olga B. Diéguez, siendo ella la del medio de siete hermanos.

Sus estudios los realizó en el Jardín 903, la primaria en la Escuela 21 y el secundario en la EEM 2, de Villa Italia.

Tuvo dos hijos, Gissela y Federico, a quienes dedicó su vida y todo su amor. Amor que también compartía con su nietita Valentina, quien era la luz de sus ojos.

Su partida es lamentada por sus hijos, su nieta y su yerno. También por sus padres, hermanos, sobrinos, sobrinos nietos y demás familiares.

Su familia agradece a todos quienes de una forma u otra los acompañaron en tan difícil momento y ruegan una oración por el eterno descanso de su alma.

 

Dedicatorias

“Algo dentro de mí se ha roto con tu partida. Pienso en ti y ya no concibo que no estés entre los vivos.

Te has dormido eternamente cuando en el fondo guardábamos las esperanzas de que salieras de esa dura enfermedad y sonreirías junto a los tuyos por haber vencido.

En nuestro interior aún nos costará tiempo entender que Dios necesitaba otro ángel y te ha llamado a su lado.

Te has ido adelante, para esperarnos allí, al lugar donde alguna vez todos seremos llamados y no juzgamos a quien te llama porque más tarde o temprano hará lo mismo con nosotros, pero cómo duele esta herida hasta que llegue el consuelo.

Tantos porqués nos quedan sin respuesta. Tu risa de bondad ahora se convierte en recuerdos. Las lágrimas salen solas sin obedecer el mandato de que cesen por no entender.

Gracias por tu ejemplo de vida, de lucha, de amor por los tuyos. Gracias por esos dos hijos que nos dejas, gracias por la unidad familiar que has propiciado con tu hasta luego en estos instantes de tormentosa tristeza, mientras te ruego que nos des fuerza y valor para entender que tu adiós no tiene regreso.

Desde hoy vives en los corazones de quienes te amamos. Solo Dios sabe la proporción de este tormento y a la vez de la quietud por la paz y descanso eterno en el que ahora te encuentras.

Gordita querida que mueres al mundo terrenal para vivir eternamente en el espiritual, solo nos queda el consuelo de que ya no sufres y que allí donde estés nos estarás esperando.

Te amamos y te llevamos en el corazón, hasta nuestro encuentro.

Papá, mamá y hermanos”.

 

“No hay consuelo para tanto dolor. Ya no sufrís más mamá…

Prometo seguir adelante cueste lo que me cueste. Te amé, te amo y te seguiré amando por el resto de mi vida. Sé que tarde o temprano nos volveremos a ver. ¡Hasta pronto!

¡Q.E.P.D. mamita!

Tu hija Gissela”

 

“Mamá:

Ya no estás conmigo pero quiero que sepas que estés donde estés, en alguna parte del cielo, que nunca pero nunca en mi vida te voy a olvidar.

Siempre te voy a agradecer todo lo que has hecho por mi y nunca me hiciste faltar nada.

Ya sos otro angelito del cielo, ya me voy a encontrar con vos y volveremos a ser felices juntos como lo hemos sido.

Ya no puedo superar este enorme dolor que tengo en mi corazón.

Te quiero mucho y estarás en mi corazón por siempre.

Q.E.P.D. Te amo viejita mía.

Tu hijo Fede”.

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