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Necrológicas

V ROBERTO LUIS LEJARRETA

Roberto Luis Lejarreta nació el 21 de febrero de 1927 en la ciudad de Guaminí, fruto de la unión entre Margarita Juaristi y Mariano Lejarreta, y murió en Tandil, el pasado 16 de noviembre.

Fue esposo de Marta Elena Monteavaro durante 62 años, junto a quien tuvo a sus dos hijos Cecilia y Alejandro. Roberto y Marta fueron abuelos de Manuelita, Ignacio, Magdalena, Luis y Macarena.

Pasó gran parte de su infancia en Lekeitio, de donde eran oriundos sus padres. Durante toda su vida contó cómo, en medio de la Guerra Civil Española, cuando tenía apenas ocho años y su pueblo estaba siendo bombardeado, él salió de la alcantarilla en la que estaba escondido a rescatar “cosas útiles” de su casa. Durante esos días, tuvo por techo un agujero oscuro y húmedo, y por radio, los gritos desesperados de quienes todo lo perdieron. Aún hoy en la familia, guardan como a una reliquia aquella azucarera que el abuelo logró rescatar.

Escapando de tan doloroso proceso, sus padres decidieron volver a la Argentina en un buque e instalarse en Tandil. Aquí su padre Mariano fundó el Hotel Euskalduna. A lo largo de toda su vida, Roberto siempre relató que al llegar a la ciudad enfrentó su primera gran decepción, al notar que los veranos no serían lo mismo sin las aguas de su tan estimado Golfo de Vizcaya. Desde chiquito le encantó nadar y tomar sol, varias de sus más repetidas anécdotas guardaban relación con los veranos de su niñez.

La segunda decepción en Tandil fue más difícil de enfrentar y fue que en la institución en la que cursó todos sus estudios y a la que siempre tuvo en alta estima, el colegio San José, encontró a sacerdotes franquistas. Siempre contaba que nunca había logrado evitar sentir ira frente a quienes defendían a Francisco Franco. Y estaba claro el porqué: la dictadura franquista lo había privado de sus raíces y lo había condenado a hablar a escondidas el euskera.

Cuando finalizó sus estudios secundarios, comenzó a trabajar en el mercado de ramos generales El Bilbaíno, en el área de cereales. Allí se desempeñó hasta que en el año 1966 fundó, junto a Manuel Carreiro y a Eduardo y Horacio Macaya, la sociedad Macaya y compañía. Allí trabajó junto a sus socios y a su hijo Alejandro hasta el año 1993, cuando se jubiló.

En paralelo a su trabajo como acopiador de cereales, Roberto siempre se empeñó para prolongar su cultura vasca. Hasta el año 1949, los vascos que habitaban la ciudad participaban con sus costumbres y cultura de distintas instituciones. Sin embargo, en ese año, Roberto junto a otros vascos fundaron el Centro Vasco Gure Etxea de Tandil. El primer acta de esta institución se firmaría el 30 de enero de 1962, teniendo como sede a la casa de Roberto, quien para ese entonces figuraría como secretario del Gure Etxea. Junto al grupo de socios fundadores, en 1971, impulsó la construcción de la Fuente de los Vascos, monumento que se relaciona con el sesquicentenario de la ciudad de Tandil y que la comunidad vasca donó a la ciudad a modo de agradecimiento por el cobijo recibido al llegar de Euskalerria.

Pasó 52 años sin regresar a su querido país vasco, pero jamás dejó de decir cuán hermoso era para él recorrer las plazas y andar por la calle aún siendo chicos sin mayores peligros, cuán especial se sentía por estudiar clandestinamente con sacerdotes particulares porque la escuela para los vascos era peligrosa, cómo se tiraba al agua desde los acantilados y paseaba con chicas más grandes.

Él siempre se levantaba a la mañana y miraba el noticiero vasco y jamás se perdió la transmisión de un partido de su tan amado Atletic de Bilbao. Durante toda su vida de jubilado Roberto jamás se perdió una tarde de mus en el Gure Etxea ni dejó de hablar en euskera con toda su familia. Él quería, más que nada, que sus descendientes conociéramos su lengua, su cultura y su historia y como todo lo que él quería, también a esto le dedicó energía y entusiasmo.

Fue un abuelo cariñoso, que compartía con la familia las tardes de lluvia mostrando su colección de estampillas y monedas. Siempre disfrutaba con sus seres queridos la merienda, y en los veranos los visitaba y compartía las mañanas de pileta. Era abuelo de chiquitos a los que les hacía el juego de “la salsa” y de más grande, compartía las películas de acción. Siempre amó a los animales y jamás dejó de tener mascotas.

“Durante toda su vida, Roberto nos enseñó que al hogar se lo lleva a todas partes y por ello su muerte lo encontró tal como él había vivido: rodeado de sus hijos y nietos, de todos los vascos a los que amó como a una familia y bien cerca de la ikurriña. Los que te amamos extrañaremos tu presencia material, pero nos queda como compañía cotidiana tu legado de tenacidad, convicción y fidelidad. Gora Euskadi! Aupa Argentina! Eskerrik asko Roberto!”.

 

V ESTER RAMONA ALBORNOZ

Nació el 7 de noviembre de 1944 y fue la más chica de cuatro hermanos. Su madre los crió prácticamente sola, pero con los mejores valores. A los 28 años conoció al amor de su vida, Ricardo Domínguez (f), con quien se casó después de tres meses de novios.

Diez años más tarde nació su única hija, Vanesa, luego de varios embarazos perdidos, a quien le dio todo y más para que no le faltara nada. Era una mujer llena de amor, solidaria y compañera, legado que continúa en su hija con quien tenía un amor eterno y eran muy unidas. Fue tan buena consejera que hoy se recuerda cada palabra que expresaba. Su yerno también lamenta profundamente su deceso, persona a la que Ester quería como si fuera su hijo.

“Tengo mil palabras de agradecimiento por todo lo que fuiste conmigo, pero lo resumo en amor, porque eso eras vos. Ahora ese amor lo tiene el Señor, quien te llamó para tener su hermosa presencia. Te amo. Tu hija”.

 

V OLGA RODRÍGUEZ

Olga Rodríguez nació en la localidad de Juan N. Fernández el 11 de mayo de 1943. Se casó con Juan Alfredo Aparicio y tuvo dos hijos: Sergio y Patricia. Fue profesora de guitarra en Barker, María Ignacia, en el Conservatorio de Música Isaías Orbe y el Centro Polivalente de Arte de Tandil.

Amó la docencia y la ejerció con pasión y mucho amor. Fue una excelente esposa y mejor mamá.

Amó a sus nietos Sofía y Rolando Aparicio, Tomás y Salomé Egizi, y a su único bisnieto Jeremías Chaile Aparicio.

Ella se definió perfectamente en el escrito “Puzzle” que realizó en el taller “Quebrantahuesos”, donde amaba ir y su profesora Griselda Crespi supo sacar y valorar todo el potencial que tenía para el arte de la escritura.

“A veces, estoy harta de esta que soy, siempre apurada, siempre tratando de llegar a tiempo. Quiero sacar de a una las cien mujeres que viven en mi piel, o alguna de las mil, que nunca he sido. Sacar un día a la autista, y encerrarme como una ostra para estar conmigo. Sacar la vagabunda y andar muy lentamente sin rumbo y sin horarios. O ser la cartonera, y revisar basuras y containers buscando los tesoros desechados por otros. O la recicladora, y recorrer casas de viejo y mercados de pulgas, y llevarme las cosas con historia. O sacar la princesa, y tener un ejército dispuesto a ocuparse de todo, mientras descanso, pinto, leo, o haraganeo a gusto. O la ilusa, abogada de causas imposibles, enfrentando los molinos de viento. Y al revisar las pieles que dejé en el camino, encontrar que aquí estoy: entera y fragmentada, como un rompecabezas, con las piezas dispersas por el suelo. Olga Rodríguez Boia”.

V ISABEL MARÍA SEGUROLA

Isabel María Segurola nació en el campo, el 18 de febrero de 1937, y era la tercera de cuatro hermanos. Su infancia fue difícil: cursar la escuela primaria, ayudar con los quehaceres de la casa, trabajar en el campo y cuidar de su hermana menor.

En su juventud se fue a vivir a Gardey, aquellas tierras que la verían crecer y en las cuales formó una familia. El 7 de octubre de 1960 se casó con Hugo Raymundo Belmonte, que sería  su compañero de vida por más de medio siglo. Tuvieron tres hijos, Huguito, Carlitos y Marcelo, a los cuales no sólo les dio la vida, el apoyo y el amor de una madre, también les dio valores.

Vio a sus hijos crecer, egresar de la escuela secundaria, los vio dar sus primeros pasos en las construcciones de sus familias, ella sólo pedía a Dios tener vida para ver a sus hijos y nietos, y fue privilegiada con dicho don. Con el tiempo nacieron sus tres nietos, Paola, Aylén y Blas, tres seres que le dieron un nuevo rumbo a su vida; pero su esfuerzo fue remunerado y vio a sus nietos crecer, formarse profesionalmente e incluso llegó a conocer a sus bisnietos Joaquina y Beltrán.

Sin duda partió una mujer que dio cuanto pudo por su familia y amigos; se fue, pero dejó un sinfín de historias, anécdotas, enseñanzas. A veces no se valoran los momentos hasta que se convierten en recuerdos, pero ella no será un recuerdo, será un momento permanente en la vida de los seres a los que tocó. Toda su familia que la admira y la quiere le dice: “Gracias Porota”.

 

V FERNANDO ANÍBAL MINNUCCI

Nació el 6 de enero de 1926 en Aldea Romana, Bahía Blanca, donde vivió junto con sus padres y sus cinco hermanos: Francisco, Chichí, Ofelia, Osvaldo y Norma, hasta que vino a Tandil para hacer el servicio militar. En esta ciudad se quedó por amor, cuando conoció a María Julia Magaró, su compañera por casi 70 años, a quien cuidó y mimó desde siempre.

Cuando nacieron sus nietos Diego, Mariano, Ignacia, Josefina, Florencia, Francisco, Antonia, José, Manuela y Agustín, pasó a ser “Engué”.

Además de trabajar con un camión y como agricultor, participó activamente de la Cooperativa Vial Rural Tandil y la Cooperativa Agrícola Ganadera de Tandil y Vela. Pero todos los que lo conocieron lo recuerdan por su sonrisa franca, su bondad y su ingenioso sentido del humor, que muchas veces dejaba pensando a quienes lo rodeaban hasta que entendían lo sutil de sus ocurrencias.

Hombre de buen carácter, inquieto, gran lector, se despidió recitando La vida es sueño. “Para nosotros no fue un sueño, fue una hermosa realidad tenerte en nuestras vidas, papá. María Julia, Ferna y Aníbal”.

V LORENZO LÓPEZ ISLAS

El pasado 24 de noviembre falleció en Tandil Lorenzo López Islas, causando su deceso un profundo dolor en sus seres queridos y amigos.

Había nacido el 24 de abril de 1948 en la zona rural, cerca a la ciudad, donde pasó su infancia.

Hijo de Lorenzo López y Sara Islas, siempre estuvo vinculado al sector agropecuario ya sea con la papa o sembrando. En 1978 se casó con Graciela Alicia Rodríguez y fruto de ese amor nacieron sus tres hijos: Lorena, Sebastián y María José.

Siempre trabajó para poder darles un bienestar a sus hijos, además de ocuparse de la familia y de realizar junto a su esposa innumerable cantidad de viajes, recorriendo el país y también el exterior.

Compartió la pasión del automovilismo con su hijo Sebastián, quien el año pasado se coronó campeón de la divisional Apac. Integraba el consejo de la Cooperativa Agropecuaria Lta. Tandil, entidad en donde conoció a muchos amigos con los que solía juntarse a disfrutar distintas reuniones, donde lo que prevalecía era la excelente camaradería.

“Nos despedimos de ti, pero vives en nuestros corazones. Por eso podemos decir que no has muerto, porque, mientras vivas aquí, tu presencia nos cuidará como cuando en vida lo hacías. Le damos las gracias al Señor por habernos permitido conocerte y disfrutarte tantos años. Ahora estás con él, esperando por todos nosotros. Te amamos siempre. Tu familia”.

 

V SILVI INÉS NOGUERA

Nació en Tandil el 28 de abril de 1958. Cursó sus estudios primarios en el colegio Sagrada Familia de Tandil. A los 4 años sufrió la pérdida de su madre, por lo que sé crió con sus hermanos y con un padre un poco duro. Desde temprana edad le tocó trabajar y a los 28 años fue madre primeriza de Mariano.

Luego cuidó y acompañó hasta el último suspiro a su hermano Mariano, sintiendo mucho su partida. Fueron años de idas y vueltas de Tandil a Buenos Aires.

Tiempo después fue madre de Agustina, ya con un poco más de experiencia en el rol de mamá. Pasó por muchos trabajos, nada formal por su condición de salud, pero siempre haciendo algo para sobrevivir y criar bien a sus hijos, a quienes dedicó gran parte de su vida y lo dio todo.

Lo mismo hizo con su tía Paulina, con quien convivía junto con sus perritos (Toto y Leo) y también su exsuegra, Lucía, mujer a la que quería mucho.

Fue una persona que siempre ofreció ayuda a quien la necesitó, sin esperar nada a cambio. Una persona de bien, querida y a quien se la va a extrañar profundamente. Una parte de ella estará por siempre en los corazones de quienes la amaron.

“Recordando cada sonrisa, cada refrán y cada palabra que tenía para todo. ‘Doña Cota’ como te decíamos con Mariano y nos reíamos. Hoy sé que estás en el cielo, contenta de volver a reunirte con el tío Mariano, en quien nunca dejaste de pensar. Así como nosotros no vamos a dejar de pensarte. Tu amor viejita será eterno en mi alma. Tú familia”.

V ENRIQUE GUSTAVO RIVERO

El pasado 10 de noviembre falleció, a los 61 años, Enrique Gustavo Rivero. Había nacido el 10 de junio de 1957 en la ciudad de Tandil, y fue hijo de Celia Fayó y Mancio Rivero. Cursó sus estudios en la Escuela Técnica “Ing. Felipe Senillosa”, donde se recibió de técnico electromecánico.

A los 29 años se casó con Liliana Berti, quien fue la madre de sus hijos Ignacio, Matías y María Eugenia. Con ella y con sus propias manos construyó su propia casa, su sueño, a la que le dedicaba su tiempo libre.

Siempre le apasionó el arte, en particular la fotografía y las artes audiovisuales, por lo que trabajó en diversos proyectos relacionados a la radio y televisión, además de ser personal no docente de la Unicen y de su productora de medios ABRA TV.

Fue un gran hombre, con unas inagotables ganas de dar y ayudar; y un inmejorable padre, cariñoso y presente en todo momento. Dejó un enorme espacio en la vida de los que lo amaban y su ausencia física se hace notar en los momentos importantes y también en los triviales.

“Tanto su familia como sus amigos observamos con tristeza su partida, pero lo recordaremos para siempre con mucha alegría por el tiempo y amor que nos regaló mientras estuvo entre nosotros”, expresaron.

 

RELLENO

 

Amplían la red de centros para la aplicación

de la vacuna contra la fiebre amarilla

 

En la previa al comienzo de la temporada de vacaciones de verano, en las que algunos argentinos viajarán a destinos en el exterior, principalmente Brasil, el Gobierno amplió la red de centros para la aplicación de la vacuna contra la fiebre amarilla. Esa vacuna es una recomendación sanitaria para viajar a algunas zonas del país e, incluso, es un requisito que exigen varios países.

En ese sentido, la Secretaría de Salud indicó que la recomendación alcanza a las personas que viajen a los estados brasileños de Paraná, Santa Catarina y Río Grande do Sul, así como también señaló que la excepción son algunos estados del nordeste brasileño, pero para el resto del territorio del país vecino continúa vigente. Para evitar las largas colas e inconvenientes que hubo el verano pasado, el Gobierno decidió ampliar la red de centros disponibles para la aplicación de la vacuna contra la fiebre amarilla y subrayó la importancia de realizar la consulta médica al menos cuatro semanas antes del viaje para que un profesional defina la indicación o no de esa cobertura sanitaria.

Asimismo, remarcó que, en caso de corresponder, el turista deberá recibirla al menos 10 días antes del viaje y subrayó que la vacuna se aplica una sola vez en la vida. La vacuna ofrece una inmunidad efectiva al 99 por ciento de las personas vacunadas en un plazo de 30 días, comienza a actuar diez días después de su aplicación y está contraindicada en determinados casos, como el de las personas mayores de 60 años. La fiebre amarilla es una enfermedad vírica aguda y hemorrágica, transmitida por mosquitos infectados, y el término “amarilla” alude a la ictericia que presentan algunos pacientes y que en un principio lleva a confundir los primeros signos con la hepatitis.

Con la ampliación informada por el Gobierno, ahora más de 150 centros aplicarán esta vacuna, entre hospitales, unidades sanitarias y salitas, incluida la sede de la Dirección de Sanidad de Fronteras, ubicada en el barrio porteño de La Boca. (NA).

 

Nuevo enfoque en el tratamiento del asma severa

Gracias a la implementación de la “medicina personalizada o de precisión” en el asma severa, se reduce el riesgo de error en el diagnóstico, se mejora el manejo de la enfermedad, se puede predecir la evolución de la afección y la respuesta a los tratamientos, entre otros beneficios. Este es el nuevo enfoque en el tratamiento de una enfermedad que puede poner en riesgo la vida de quienes la padecen, tanto niños como adultos. Según investigaciones científicas recientes, para abordar con éxito al paciente con asma severa es necesario un diagnóstico diferenciado y más preciso de la enfermedad y de los mecanismos que la producen, lo que permite predecir mejor la respuesta del paciente a la terapia farmacológica.

En la Argentina, la Fundación CIDEA es uno de los centros pioneros en brindar medicina personalizada que tiene como finalidad: utilizar el medicamento indicado para la persona indicada en el momento indicado.

El asma es una afección en la que se estrechan y se inflaman las vías respiratorias, aumentan las secreciones, y ello dificulta la respiración, provoca tos, silbidos al respirar y falta de aire. Los especialistas advirtieron que los ataques de asma ponen en riesgo la vida.

Es una enfermedad que no tiene cura aún pero sus síntomas pueden controlarse ajustando los tratamientos según sea necesario. La medicina de precisión llegó para obtener mejores resultados en el diagnóstico y manejo del asma severa, evitando tratamientos inútiles y con efectos colaterales.

 

Objetivos

 

Reducir el riesgo de error diagnóstico. Definir mejor el endotipo /fenotipo de asma del paciente, es decir, las características de cada paciente y los mecanismos que

en él ocasionan el asma.

Mejorar el manejo de la enfermedad. Ayudar a predecir la respuesta a la terapéutica. Permitir predecir la evolución de la afección. “Debemos saber cómo llegó a esa forma de asma para brindarle un tratamiento personalizado a partir de la información de cada paciente en particular. Para ello, es necesario de construir la enfermedad, brindar un diagnóstico diferenciado y buscar los rasgos tratables para un resultado óptimo”, aseguró Jorge Máspero, especialista en Alergia e Inmunología y director médico de la Fundación CIDEA (Centro de Investigación de Enfermedades Alérgicas y Respiratorias).

Según un estudio que se realizó en Inglaterra, del total de los fallecidos por asma, el 60 por ciento estaban catalogados con “asma leve”.

Por eso, los especialistas aseguran que se requiere un enfoque interdisciplinario y surge así una nueva definición de ese padecimiento.

“Un ataque de asma severo en personas de todas las edades se debe considerar evidencia de enfermedad grave y es necesario promover una evaluación detallada de la enfermedad”, añadió.

La medicina personalizada fue impulsada en 2015 durante la presidencia de Barack Obama en Estados Unidos. “Los medicamentos solían diseñarse teniendo en cuenta al paciente promedio. Hoy se pueden adaptar a la genética específica el paciente, microbios y composición química”, manifestaba en aquella oportunidad el exmandatario norteamericano. La medicina de precisión se caracteriza por utilizar la información individual sobre la biología genética con el fin de comprender los requisitos singulares de lo siguiente:

1 Un tratamiento óptimo.

2 La preservación de la salud.

3 La prevención de la enfermedad.

 

Enfoque

 

El enfoque de la medicina personalizada comprende la investigación y tratamiento de desórdenes superpuestos, comorbilidades (presencia de una o más enfermedades además de la primaria), estilos de vida y factores ambientales. Las diferencias clínicas en las respuestas a los tratamientos o en el curso de una enfermedad a través del tiempo se relacionan a variaciones en la genética, biología, farmacología o mecanismos inmunológicos, lo que genera el concepto de subclases de fenotipos

o endotipos. Esta heterogeneidad en la respuesta terapéutica ha llevado al uso de términos como medicina de precisión o personalizada cuya finalidad es dirigir los tratamientos lo más específicamente posible. (NA).

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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