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Declararon culpable, pero por lesiones, a una enfermera acusada de matar al marido en Azul

Un jurado popular halló «culpable» ayer por el delito de lesiones gravísimas a una enfermera acusada de haber matado a su marido con el contrafilo de un hacha, en la ciudad bonaerense de Azul, luego de 40 años de convivencia en un contexto de violencia de género.

Se trata de Cristina Santillán (59), quien había llegado a juicio como responsable del «homicidio agravado por el vínculo» de su esposo, Ricardo Hernández (61), delito que prevé una pena de prisión perpetua, pero ahora recibirá una condena menor que se conocerá mañana a las 10.

La enfermera había comenzado a ser juzgada el martes por un jurado integrado por doce ciudadanos que escucharon a cerca de 30 testigos entre peritos, policías y familiares del matrimonio, algunos de los cuales relataron que la mujer era habitualmente golpeada y denigrada por su marido.

Si bien Santillán no declaró en el juicio, anoche hizo uso de sus últimas palabras antes del veredicto, en las que recordó las «palizas» que Hernández le daba cuando estaba embarazada de su hija María de los Angeles.

«Si yo hace 40 años atrás hubiese pensado que ayer tenía que estar sentada acá, hubiese filmado, hubiese buscado vecinos para que me vieran, pero hoy en este momento le digo, hubiera preferido ser una menos», afirmó Cristina mientras su abogada, la defensora oficial Mariana Mocciaro, y gran parte del público lloraban al escucharla.

Luego, la jueza que dirigió el debate, Alejandra Raverta, dio las instrucciones al jurado, que pasó a deliberar a las 12.20 y en una hora regresó a la sala de audiencias para dar a conocer el veredicto pasadas la 1 de la madrugada de ayer.

«Culpable de lesiones gravísimas calificadas» leyó el hombre que había sido elegido presidente del jurado, tras lo cual hubo un breve silencio y después algunos insultos, pero sin incidentes.

Mientras tanto, dentro de la sala y en la puerta de Tribunales, donde llovía sin parar, decenas de integrantes de organizaciones sociales reclamaron la libertad de Cristina, que está presa desde hace tres años, el último con prisión domiciliaria.

La figura elegida para condenar a Santillán es una de las opciones que había propuesto la defensa, que había solicitado su absolución por el contexto de violencia de género en el que vivía o que se la sentencie por «lesiones gravísimas», que tiene una pena de entre tres y quince años.

Entonces, según la pena que se le aplique,la mujer podría recuperar la libertad o continuar presa.

En cambio, la fiscal María Laura Margaretic había solicitado una condena por «homicidio agravado por el vínculo mediando circunstancias extraordinarias de atenuación».

Según la acusación fiscal, el hecho ocurrió el 16 de septiembre de 2014 en la casa que el matrimonio compartía en villa Piazza, de Azul, cuando Santillán atacó a su marido con un hacha presuntamente porque se enteró de que se iba a divorciar de ella y mantenía una relación paralela con otra mujer.

El hombre recibió lesiones, fue internado, pero a los dos meses recibió el alta y fue a vivir a un geriátrico donde murió seis meses después a raíz de una infección.

Cuando se produjo la muerte, la fiscalía acusó cambió la acusación contra Cristina de lesiones a homicidio, pese a que para la defensa no hubo relación entre el ataque y el motivo del fallecimiento.

Los abogados plantearon que el geriátrico no estaba habilitado, que se encontraba en condiciones deplorables, que su alimentación era pésima y que incluso dormía en la misma habitación con otros dos pacientes sin asistencia de enfermeras sino sólo de cuidadoras.

«En ese momento Cristina no actuó con capacidad de decisión, ya que por la sumisión y opresión sufrida durante años se vio limitada en su autonomía y voluntad», indicaron desde la Comisión Nacional de las Mujeres (CNM), que desde abril es amicus curiae en la causa y acompaña a Santillán.

La mujer sufrió violencia de género durante 40 años por parte de su marido, quien -según testigos- la golpeaba y la denigraba -por ejemplo- haciéndola levantar a las 3 de la madrugaba para hacerle la comida, o robándole su sueldo.

Además, en una ocasión, tras haberla encerrado, la denunció por violencia familiar y pidió al juzgado una restricción perimetral que le fue otorgada.

«Ahora puedo hacer lo que quiera con vos, te puedo matar si quiero», le dijo por entonces.

No obstante, la defensa entendió que la mujer nunca quiso matar a su esposo ya que, cuando lo golpeó, lo hizo con el contrafilo del hacha y no con la parte más peligrosa, y luego salió a pedir ayuda.

 

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