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Enjuiciado que iba a quedar preso intentó fugarse saltando desde el primer piso del edificio judicial

Un insólito como grave suceso se registró en la sede judicial de la calle Uriburu al 700, donde un joven que debía atravesar un juicio en el Juzgado Correccional, acusado de una serie de ilícitos y que estaba al tanto de que su suerte era terminar en prisión, quiso escaparse de la delicada situación procesal y saltó de la ventana de la oficina de la Defensoría, desde el primer piso del edificio. La estrepitosa caída terminó con fracturas en sus piernas y no pudo cumplir con su objetivo. Tras ser atendido en el Hospital terminó con el final que menos deseaba, preso.

Se trató del recluso Cristian Miguel López, que estaba citado en el Juzgado Correccional a cargo del doctor Carlos Alberto Pocorena, quien iba a propiciar un debate oral y público contra el nombrado, acusado de varias causas acumuladas por hurto, amenazas, violación de domicilio y encubrimiento.

A la hora fijada, había más de una docena de testigos aguardando al imputado, quien hasta el debate había arribado con el beneficio de una excarcelación. También el fiscal Marcos Eguzquiza y el defensor oficial Carlos Kolbl aguardaban pacientes por el protagonista que, como lo venía haciendo desde meses atrás, evidenciaba reticencia a someterse el proceso.

De hecho, las partes habían convenido arribar a un juicio abreviado, por el cual López aceptaba una condena a un año y dos meses de prisión por los delitos descriptos. Esto ameritaba su inmediata detención porque el reo contaba con antecedentes (cinco años de condena por un robo calificado). Sabiendo la suerte que le tocaría, el joven esquivó las distintas citaciones previas que había recibido en medio de su excarcelación, hasta que el juez ayer, ante su ausencia en el debate por iniciarse, lo declaró en estado de “rebeldía”, ordenando a la policía ir tras su paradero y trasladarlo por la fuerza pública, en carácter de detenido.

Intentar eludir la
Justicia por la ventana

Una vez arribado a la sede judicial de la calle Uriburu por la policía y previo a ingresar a la sala de debate, López fue acercado a la planta alta donde lo esperaba el defensor Carlos Kolbl y sus colaboradores.

La custodia le soltó las esposas y lo ingresó a la oficina del auxiliar Molina, junto a Kolbl, quienes le informaron sobre la situación procesal que había quedado a partir de su “rebeldía”. Era un hecho que el juez estaba obligado a detenerlo al caerse la excarcelación y quedaría apresado a partir de los antecedentes penales.

Cuando no culminaron de hacerle entender el futuro irreversible, el joven ya había anticipado que no quería ir preso. Saltó de la silla donde se había ubicado, sorteó el escritorio y la pc con agilidad felina y atravesó el ventanal de la oficina y, desde ahí, al techo de la sala de debates del Tribunal Criminal 1. Una vez en el techo, saltó y la abrupta caída tuvo como consecuencias lesiones en sus miembros inferiores (fracturas en los tobillos según autoridades del Sistema Integrado de Salud), lo que le impidió iniciar su carrera de fuga. Hasta el lugar arribó la custodia policial y el socorro ambulatorio, quien derivó al fallido escapista a la sala de guardia del Hospital Santamarina, donde quedó internado en observación y ya conociendo lo inevitable: quedaría apresado.

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Tras el llamativo episodio, desde los funcionarios judiciales se reseñó que si bien en la larga historia judicial tandilense no había muchos antecedentes de esta naturaleza, sí ocurrieron al menos un par que trajeron a la memoria.

Se recordó que en la anterior Defensoría se había escapado uno por una ventana más chica y en otra oportunidad al propio Kolbl se quiso escapar un reo de su oficina por un ventiluz pero él mismo pudo retenerlo tomándolo del fundillo del pantalón para hacerlo desistir de la alocada idea.

Acerca de las medidas de seguridad que se toman para que no se repliquen este tipo de sucesos, se explicó que es habitual que los defensores, en este caso, a la hora de entrevistarse con sus pupilos lo hagan en privado, sin la presencia incómoda de la custodia policial.

Al consultarse si no ameritaba colocar rejas en los ventanales, se explicó sobre los años que trabajan en el mismo edificio y los casos fueron muy pocos, e incluso se puso en duda que si las características del edificio (antiguo por cierto y poco funcional) resulte positivo colocar rejas frente a un eventual siniestro u otro tipo de accidentes.

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