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Picu López, el sospechoso de siempre

Por Guillermo Liggerini

 

Se puso sus mejores ropas, posó para la foto y se despidió entusiasmado de sus compañeros de celda. Se mostró confiado. Una vez más sus muñecas serían juntadas por las esposas del agente penitenciario y de Barker partiría custodiado a Tandil como destino. Más precisamente a la sede judicial de calle Uriburu, donde lo esperaban, también una vez más, los adustos hombres de saco y corbata de siempre. El juez en el estrado, un abogado al lado suyo y otro enfrente.

Y allí comenzaría a desandarse aquellas historias que lo tienen como protagonista. Hurtos, robos y asaltos con privación ilegítima de la libertad,  replicados a través de testimonios, acusaciones y defensas. Los viejos-nuevos episodios marginales que lo tienen en un rol protagónico. Daniel “el Picu” López, otra vez en el banquillo de los acusados.

La confianza del nuevamente apresado responde a que cree que no hay demasiados elementos para que ahora, en este nuevo juicio por atravesar, lo condenen a muchos años. En eso confía también su defensor oficial Carlos Kolbl, que en su alegato pediría la pena mínima ante los delitos endilgados.

El fiscal Luis Piotti, en tanto, desistiría de la acusación más gravosa (el asalto a un matrimonio mayor en su casa –ver aparte-), pero mantendría el resto de los hechos, pidiendo siete años y cinco meses de prisión. El viernes, el juez Agustín Echeverría se encargará de resolver el entuerto. Dará su veredicto y definirá la suerte procesal de “Picu”.

 

Viejos conocidos

Todos se conocen. Los actores judiciales lo han visto crecer a ese muchacho que ha mutado en contextura física pero que mantiene incólume su rostro aniñado. Humanidad que ha sido reconocida por víctimas de robos varios que en la semana que pasó estuvieron ventilándose en el TOC 1.

“Picu” López ya cumplió  23 años y desde los 12 que desfila por la justicia  y sus respectivos actores por tropelías varias. El ejemplo más contundente de que el sistema falla. Todos –tal vez incluso él más allá de esa sonrisa entusiasta que luce- se evidencian frustrados. Por ello, no faltará quienes lo tomarán como prueba para gritar que no salga nunca más, que no tiene “cura”. Otros tantos esgrimirán otra mirada. Reflexionarán sobre aquello de que el castigo, el pedir más condena, más encierro, no sirvió –no sirve-. Lo cierto es que encerrado o en libertad nadie supo cambiar el rumbo.

Por lo pronto,  el muchacho de estatura baja y de antecedentes extensos, aguarda por una nueva condena. Más corta o más larga, ya no importa mucho. Si de esa veintena de años más de la mitad los vivió de encierro en encierro. Sabe más de policías, cacos, abogados y jueces,  que de los pocos familiares o amigos que les queda.

Después de deambular de instituto en instituto hasta recuperar la calle por inimputable, cumplidos los 18 su vida fue más complicada. Por sus “macanas” -como él prefiere calificar a los sucesos delictivos que le sindican- ha estado encerrado y en libertad casi la misma cantidad de tiempo.

En una de sus tantas detenciones, supo decir que era  sabedor de una especie de destino que le tenían marcado, porque “terminaba preso o muerto” frente a una vida sórdida, difícil, marcada por heridas que ninguna casa de contención, ningún instituto, el sistema en general supo cicatrizar. No saben qué hacer con él. Frente a esa resignación, lo mejor será dejarlo sin libertad, cuanto más tiempo mejor para la seguridad del resto de los mortales.

 

El nuevo juicio

El joven fue nuevamente detenido en la zona de La Movediza el año pasado en el marco de la investigación por un robo, aunque por aquellos días existían sospechas sobre su intervención en distintos ilícitos ocurridos por esos meses. Y bajo esa condición arribó al debate que comenzó el martes pasado.

La aprehensión de “Picu” ocurrió unos veinte días después de que policías lo encontraran en Las Tunitas, durmiendo en el interior de una casa que tenía una ventana forzada y lo dejaran escapar, tras despertarlo.

El pedido de detención salió más tarde, en el marco de una causa por robo agravado por efracción que se registró en Villa Italia y había sido denunciado en la Seccional Tercera por Carlos Osvaldo Terrille, el damnificado.

Instantes después de ese hecho, la policía había logrado la aprehensión de un menor y el secuestro de la moto que utilizaron para robar en la propiedad, que fue hallada en un descampado de Suárez García y Azucena, en inmediaciones de La Movediza.
A partir de ese atraco, testigos reconocieron a López y comenzaron las tareas investigativas por parte de la policía que llevaron a la Justicia a solicitar la captura del joven, que ya tenía una condena por asaltos y había salido del penal apenas hacía unos meses.

Fuentes ligadas a la investigación por aquellos días no descartaron que la Justicia reúna pruebas para endilgarle varios robos de distintas características, ya que se sospechaba que podía haber participado en asaltos, robos catalogados como “patea puertas” y otros bajo la modalidad “escruche”.

Los antecedentes penales computables que obran en los respectivos informes, la sentencia anterior purgada (cinco años y seis meses de prisión de cumplimiento efectivo), no funcionaron como inhibidor de nuevas conductas delictivas, dijo el fiscal, lo que también demuestra mayor culpabilidad y peligrosidad y por eso pediría condena, acusó.

Ahora había sido apresado cuando estaba cumpliendo una libertad condicional. En verdad su vida está condicionada por la marginalidad y por ello termina siendo el sospechoso de siempre.

 

El caso insólito

Uno de los sucesos que le endilgan a “Picu” ocurrió el 20 de marzo de 2016, en una casa de Del Libertador 271, cuando el hermano de la propietaria del domicilio descubrió a un intruso dormido en el interior de la casa y dio el alerta a las fuerzas policiales. La propiedad tenía una ventana forzada y se descubrió una mochila preparada con varios elementos de valor cerca de la puerta.
Una vez que llegaron al lugar -según el relato de los damnificados-, los agentes policiales despertaron al presunto ladrón y lo dejaron ir, sin siquiera tomarle los datos. El intruso en cuestión era Picu, quien presentaba un profuso estado de inconsciencia producto de la ingesta alcohólica, lo que motivó al defensor a pedir que se lo declare inimputable en ese suceso puntual.

 

El otro suceso

El fiscal Luis Piotti, en otro de las acusaciones, consideró que hay suficientes los elementos colectados para endilgarle que 4 de abril de 2016, alrededor de las 17, el imputado junto a un menor de edad, previa distribución de roles y tareas, se hicieron presentes frente al domicilio de calle Ugarte 2341, en momentos que no había moradores en el lugar y con el designio común de sustraer elementos de valor económico, procedieron a arrancar la reja de hierro que cubría la ventana delantera de dicha vivienda y luego de ello forzar la perilla de trabado de dicha abertura accedieron al interior de la finca. Una vez dentro del inmueble se apoderaron ilegítimamente de un televisor tipo LCD, una cámara fotográfica digital, y alhajas de oro varias propiedad de Carlos Adolfo Terille, con los cuales se retiraron del lugar a bordo de un ciclomotor.

Asimismo, sobre ese mismo hecho, se lo acusó a López de receptar una motocicleta marca Motomel, modelo Skua, de color roja y negra, que había sido robada, la cual resultaba ser de propiedad de Maximiliano Henrik, sustraída por autores ignorados del interior del complejo de departamentos donde reside sito en calle Montevideo al 1300. u

 

El asalto desistido

El hecho más gravoso con el que arribó al juicio Picu López tenía que ver con un asalto perpetrado el 9 de abril de 2016, en una vivienda de calle Urquiza 245, donde él y otro cómplice irrumpieron para una vez en su interior reducir a golpes de puño a sus moradores Nicolás Carmen Oscar Guadagna y Elena Julia Martínez que se encontraban durmiendo, a la vez que los apuntaron con las armas de fuego que portaban.

Una vez dentro de la casa, los ladrones comenzaron a requerirles dinero recorriendo el interior de la vivienda, apoderándose de tres mil pesos, una cadena de oro con una medalla con las iniciales ´CDG´, y cadenas de oro, una de ellas con la imagen de la Virgen de Luján, para luego retirarse del lugar junto al botín obtenido.

La acusación citada se cayó tras las dos audiencias de debate, puesto que el damnificado finalmente no pudo reconocer a Picu como uno de los asaltantes, por lo que el fiscal debió desistir de la imputación.

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