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Esta es la frontera más rara de Europa

El Eco

Cuando uno camina por Baarle, encuentra a menudo unas baldosas grises en el pavimento con una equis blanca pintada. A un lado de la fila, las letras NL. Al otro, B. ¿Por qué? Esta localidad se halla entre Holanda y Bélgica (de ahí las siglas), y hay cierto consenso en que se sitúa sobre la frontera más complicada de Europa.

La línea divisoria efectúa numerosos zigzags por todo el pueblo, hasta el punto de que están contabilizados 24 enclaves de propiedad belga en los Países Bajos (Holanda) y otros tantos holandeses en territorio de Bélgica.

Herencia compleja que se remonta a la Edad Media, el pueblo está conformado por dos: Baarle-Hartog (Bélgica) y Baarle-Nassau (Países Bajos), cuenta con dos comisarías de policía, dos Ayuntamientos, dos cuarteles de bomberos, dos estaciones… y así hasta el absurdo infinito.

Los dos países vecinos jamás lograron solucionar el litigio entre Hertog, que pertenece a la provincia de Amberes, y Nassau, que está adjudicada a Brabantia.

El papeleo para los habitantes de algunas de las casas por cuyas habitaciones cruza la línea fronteriza es una auténtica pesadilla. Imaginen lo que es pedir una licencia de obras. Los dos Ayuntamientos –en realidad, los dos estados–, intentan simplificar la burocracia, pero ello no impide que en Holanda rija un horario comercial y en Bélgica otro, por ejemplo.

En Baarle explican como cierta la leyenda de que antaño las mesas de los bares y restaurantes se movían apenas un metro llegado el horario de cierre más tempranero belga en dirección hacia Holanda. Ahora, parece que todas estas situaciones se relajaron bastante, pero todavía quedan cosas por resolver, como qué hacer con los delitos que se perpetran en un lado de la línea divisoria cuando los delincuentes dan unos pasos y se van al país vecino.

En caso de tener la residencia situada sobre la línea divisoria, el afectado debe pagar sus impuestos en el país donde esté la puerta de entrada. Pero es fácil comprobar que en varios sitios la línea se dirige en línea recta hacia un portal.

Para el viajero es un juego bastante divertido seguir la frontera y comprobar por qué lugares atraviesa. O que puede tomar un café sentado ante una mesa con un pie en cada país. Hay que fijarse en la banderita que identifica el número de cada edificio: así sabrá dónde se encuentra en cada momento.

Para los 7.000 habitantes que reúne Baarle, aunque el asunto es cotidiano y se le presta mucho menos atención, no es tan jocoso. El espacio común Schengen ha relajado muchos de los inconvenientes. Sin embargo, el dibujo de la frontera es tan complejo que desaparece en jardines y callejones.

Para los viajeros que no poseen pasaporte comunitario se pueden dar situaciones paradójicas: que se cuente con un visado para Holanda y no para Bélgica o al revés, que se alquile un coche en un lado y haya que estacionar en el país vecino. O, incluso, que un alojamiento hotelero tenga la frontera pasando por el interior de las instalaciones: elegir el lado de la cama en el cual dormir puede tener su importancia.

Sergi Ramis / La Vanguardia

Nota proporcionada por :

  • ElEco

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